Desde el estallido del conflicto de Irán, y al menos por el momento, las pérdidas que han registrado los mercados han sido limitadas. Sin embargo, es posible que no estemos lejos de que la situación en Oriente Próximo acabe por eliminar las ganancias que los mercados venían acumulando desde principios de año. La prudencia y el posicionamiento defensivo apuntan al efectivo, los activos de corta duración y los vinculados a la inflación como una buena opción táctica hasta que la situación se aclare.
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- Cuestiones macroeconómicas clave: anticipamos cambios más sustanciales en las previsiones económicas y de los bancos centrales
- Cuestiones de mercado clave: la volatilidad viene impulsada por la actualidad, pero las valoraciones no resultan especialmente atractivas
Variedad de resultados posibles
Los inversores continúan enfrentándose al riesgo de escalada del conflicto en Oriente Próximo. Sin embargo, los acontecimientos más recientes también apuntan a un posible alto el fuego, lo que supondría un cierto alivio para los mercados del petróleo.
A pesar de la fuerte volatilidad que han registrado los mercados en las últimas semanas, lo cierto es que, en su mayoría, las caídas no han llegado a convertirse en correcciones importantes. De los principales mercados de renta variable, solo el índice coreano KOSPI y el MSCI Emerging Markets han sufrido correcciones superiores al 10% respecto a sus máximos recientes.
También existe la posibilidad de que los mercados deban descontar un escenario de endurecimiento de la política monetaria si los bancos centrales tratan de evitar que el aumento de la inflación a largo plazo acabe incorporándose a las expectativas.
No obstante, la trayectoria de tipos de interés es aún incierta, por lo que podría decirse que, en cierto modo, los mercados ya se han adelantado a los bancos centrales endureciendo de forma significativa las condiciones financieras. Desde el inicio del conflicto, el rendimiento de los bonos ha aumentado, mientras que los mercados de renta variable han registrado caídas significativas.
La confianza en un escenario concreto para los próximos días y semanas es bastante baja, lo que complica de manera notable las decisiones de inversión. Aún no se sabe ni cuándo podría llegar el momento óptimo de salida ni qué características tendría.
Oportunidades de valor
¿Han caído ya los mercados lo suficiente como para ofrecer oportunidades de valor? Es posible que los mercados se estén mostrando demasiado pesimistas con respecto a las perspectivas de tipos de interés, pese al endurecimiento monetario de los bancos centrales. Pero no estamos en 2022. En aquella ocasión, la Reserva Federal de Estados Unidos comenzó a subir los tipos un mes después de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, partiendo de un nivel del 0,5% y en un momento en el que la inflación de los precios al consumo ya había subido al 8%. La situación era similar para el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra.
Está claro que la inflación va a aumentar. Pero los tipos de interés están hoy en niveles superiores a los de 2022 (los tipos reales están muy por encima) y las presiones inflacionistas de fondo han sido más moderadas esta vez. En un escenario de desescalada, los precios del petróleo disminuirían, y aunque, en conjunto, los costes energéticos se mantendrían elevados, los efectos sobre los precios al consumo serían moderados en términos de magnitud y duración.
El mercado ya descuenta unos tipos de interés más altos, lo que nos lleva a preguntarnos si realmente los bancos centrales tienen que materializar dichas subidas de tipos. Si pensamos que no tienen por qué, los activos de renta fija de vencimiento corto resultan atractivos. Así, el rendimiento de los títulos del Tesoro estadounidense a dos años se sitúa en el 3,93%, en Europa va del 2,68% en Alemania a casi el 2,68% en Italia y en el Reino Unido está en el 4,5%.
No parece muy probable que los tipos de interés vayan a aumentar más de lo que ya descuenta el mercado. Si a ello le sumamos el aumento de entre 15 y 20 puntos básicos que han registrado los diferenciales de crédito desde el 27 de febrero, el crédito de grado de inversión y corta duración resulta atractivo, y el de alto rendimiento podría resultarlo aún más.
En este contexto, es posible que los inversores también se planteen invertir en instrumentos a tipo variable. Además, la subida de los índices de precios al consumo impulsará la rentabilidad de las estrategias de deuda vinculada a la inflación de corta duración en los próximos meses.
Caídas limitadas de valoración
La visión general es que solo un número limitado de activos se ha abaratado de forma significativa, pero tienden a ser aquellos que ya se estaban viendo afectados por la preocupación en torno a la fuerza disruptiva de la inteligencia artificial o la situación del crédito privado, que ya mostraban los inversores antes de que se iniciara el conflicto en Irán.
He analizado en qué nivel se sitúan, más de tres semanas después del inicio del conflicto, los ratios precio-beneficios a doce meses de la renta variable y los diferenciales ajustados por opciones del crédito en relación con las medias registradas en los últimos tres años.
Entre las clases de activos que más se han abaratado desde principios de año en relación con su media a tres años están los índices Nasdaq y S&P 500, especialmente los sectores tecnológico y financiero de este último, así como el índice global MSCI Emerging Markets. Los índices de deuda europea y estadounidense de alto rendimiento también se han abaratado ante el aumento de los diferenciales.
Sin embargo, si adoptamos una perspectiva a más largo plazo, cuesta ver valoraciones que resulten realmente atractivas. El índice Nasdaq, las small caps estadounidenses y los mercados emergentes globales cotizan con unos ratios PER que se sitúan solo ligeramente por debajo de sus medias a diez años. Otros mercados de renta variable, como el S&P 500, continúan cotizando con prima respecto a los indicadores de valoración a largo plazo.


Según este criterio de valoración, Europa, el Reino Unido y Japón resultan mercados mucho más baratos en 2022. En lo que respecta al crédito, los diferenciales se sitúan aún muy por debajo de sus medias a diez años, salvo en el reducido segmento de tecnología y electrónica del mercado de deuda estadounidense de alto rendimiento. Así, aunque la mayoría de los mercados han caído, en renta fija el cambio real en términos de valor ha venido marcado por el repunte de las curvas de tipos subyacentes. El tipo real (ajustado por inflación) de los títulos del Tesoro estadounidense a diez años ha vuelto a situarse por encima del 2,0% por primera vez desde mediados de 2025.
Las primas de riesgo han aumentado, pero no lo suficiente como para compensar a los inversores por el adverso escenario que podría acabar materializándose en Oriente Próximo.
La mejor defensa es un buen ataque
Es un momento complicado para la gestión de carteras. Las opciones de efectivo y de activos equivalentes resultan especialmente atractivas, al igual que los activos que ofrecen protección contra la inflación. Los economistas están comenzando a revisar a la baja las previsiones de crecimiento, pero aún no se han producido revisiones sustanciales en lo que respecta a las previsiones de beneficios empresariales.
El riesgo es que, a medida que las empresas vayan comunicando sus previsiones con motivo de la publicación de los resultados de beneficios del primer trimestre, las previsiones de crecimiento acaben revisándose también a la baja. Ese es el riesgo que podría afectar en mayor medida al mercado de renta variable, mientras que el flujo continuo de noticias negativas sobre el crédito privado podría llegar a afectar en algún momento a los mercados cotizados de crédito; algo que no estaría justificado por los fundamentales, pero ya sabemos que la confianza de los mercados en ocasiones se desvincula de los fundamentales.
Tampoco podemos descartar un escenario marcado por el aumento de la volatilidad en el mercado de renta variable (en la actualidad, el índice VIX se sitúa solo en 27 puntos, cuando llegó a los 50 el año pasado en torno al Día de la Liberación), la reducción de las cotizaciones de la renta variable y el incremento de los diferenciales de crédito, en función de cómo vaya evolucionando la situación en el Golfo. En esas circunstancias, la liquidez y los activos equivalentes al efectivo podrían resultar una ventaja.
La paciencia es una virtud y una necesidad para los inversores a largo plazo. En estos momentos, parece una estrategia adecuada ir consolidando de manera gradual primas de riesgo más elevadas sin esperar que los precios del mercado vayan a volver a corto plazo a los niveles previos al conflicto.
La sensibilidad del mercado a la actualidad sigue siendo muy alta y la confianza de los inversores tiende a moverse de forma abrupta en función de las fluctuaciones del precio del crudo Brent. El cese de las hostilidades es el mínimo exigible para que los inversores muestren una mayor confianza a la hora de invertir capital en activos de mayor rentabilidad.
Datos de rendimiento/fuente de los datos: LSEG Workspace DataStream, ICE Data Services, Bloomberg, BNP Paribas AM, a 26 de marzo de 2026, salvo indicación en contrario.Las rentabilidades obtenidas en el pasado no constituyen indicación alguna de rentabilidades futuras.