¿Larga vida al mercado alcista?, sí respaldado, de momento

Un repunte de la incertidumbre respecto a lo que se esperaba ha afectado a los resultados que vienen registrando ciertos segmentos del mercado de renta variable desde el año pasado. No obstante, la rentabilidad del mercado en su conjunto sigue siendo sólida, y la renta fija también está contribuyendo. La temática de inversión de la inteligencia artificial se ha complicado aún más: las cotizaciones de las compañías que podrían verse afectadas por la fuerza disruptiva de la nueva tecnología están cayendo, mientras que los ingresos de los fabricantes de chips continúan aumentando, al menos por el momento. Si a ello le sumamos la incertidumbre en torno a la política monetaria y macroeconómica de Estados Unidos, el ajuste del posicionamiento inversor desde el mercado estadounidense de renta variable hacia otros mercados podría seguir siendo una tendencia a escala mundial. A pesar de la incertidumbre que se vive en todo el mundo, los inversores siguen confiando en que el crecimiento, la estabilidad y la rentabilidad acabarán por imponerse.

Aquí puedes escuchar el artículo

  • Cuestiones macroeconómicas clave: el crecimiento de la economía mundial mantiene su solidez a pesar de las dificultades a las que se enfrenta el sector tecnológico; el nivel de gasto sigue siendo elevado, pero conviene prestar atención a la evolución del consumo estadounidense
  • Cuestiones de mercado clave: la mayoría de los mercados se acercan a sus máximos históricos, lo que parece indicar que el mercado alcista sigue vigente

Incertidumbre, con esperanza. Las expectativas (esperanza) y la incertidumbre son dos componentes esenciales de la inversión. Los mercados alcistas sobreviven cuando las expectativas son lo suficientemente sólidas como para imponerse a la preocupación que pueden provocar unos resultados inciertos (injustificados), lo que hace que los inversores mantengan la inversión y permite que la demanda marginal impulse los precios al alza. Pero las expectativas han de tener una base sólida: crecimiento económico, aumento de los beneficios empresariales, perspectivas de nuevos bienes, servicios y tecnologías con impacto positivo, estabilidad en los niveles de inflación y los tipos de interés. Todo ello resultó especialmente patente en 2025. Entre mayo y octubre, el índice S&P 500, junto a otros muchos mercados de renta variable global, y el sector tecnológico registraron fuertes subidas y marcaron una sucesión de nuevos máximos históricos. A este clima de mercado contribuyeron especialmente la demanda de semiconductores, la irrupción de Nvidia como la compañía más valiosa del mundo, el anuncio de acuerdos de financiación de coinversión entre empresas tecnológicas y la aparición de un número cada vez mayor de aplicaciones de la inteligencia artificial. Todo ello se produjo en un contexto de mejora de las perspectivas macroeconómicas, sobre todo una vez que hubo mayor claridad sobre el marco político tras el anuncio de aranceles en el llamado «Día de la Liberación».

Corrección de octubre. Pero algo cambió en el tercer trimestre de 2025. La incertidumbre en torno a la inteligencia artificial empezó a pesar más en el ánimo de los inversores: ¿acabará el importante gasto de capital traduciéndose en beneficios económicos? Dicha incertidumbre se debe a la preocupación de los inversores por la posibilidad de que se esté invirtiendo demasiado en relación con los ingresos futuros, y de que la inteligencia artificial acabe teniendo un impacto tan disruptivo que ciertas empresas, especialmente en el sector servicios, experimenten una fuerte presión sobre sus ingresos. La tendencia alcista actual del mercado tecnológico alcanzó su nivel máximo el pasado 29 de octubre. Las perspectivas futuras dependerán en gran medida de si la rentabilidad que ha registrado el mercado desde entonces marca únicamente una pausa o de si estamos al inicio de una revisión más profunda de las valoraciones. También será importante determinar lo que significa todo esto para el excepcionalismo estadounidense. Mientras los inversores buscan una mayor claridad en torno a la inteligencia artificial, los mercados de renta fija y variable en los que la concentración en la nueva tecnología es menos intensa siguen ofreciendo buenos resultados. Incluso dentro de Estados Unidos, el índice S&P 500 equiponderado ha subido casi un 8% desde entonces, mientras que el índice ponderado por capitalización de mercado se ha mantenido estable.

Dispersión. El índice S&P 500 registró su último máximo histórico a finales de enero. A 25 de febrero, se situaba solo un 0,5% por debajo de dicho máximo. Sin embargo, el sector tecnológico, y especialmente el segmento del software, ha caído con fuerza desde entonces. El software, en concreto, está un 25% por debajo del nivel máximo que registró el pasado mes de octubre. Del grupo de las tecnológicas de megacapitalización conocidas como las «siete magníficas», solo Alphabet, la empresa matriz de Google, ha registrado un máximo histórico en 2026. Algunas compañías ya han registrado correcciones propias de un mercado bajista. La dispersión entre cotizaciones refleja la necesidad de que los inversores se centren en realizar una rigurosa selección de títulos. La concentración de fondos tecnológicos en el mercado estadounidense ha hecho que la rentabilidad registrada en Estados Unidos haya sido inferior a la del conjunto del mercado (el índice S&P 500 acumula una subida del 1,5% desde principios de año, frente a la subida del 49,9% del mercado coreano).

Otro aspecto que hay que tener en cuenta a la hora de invertir en el sector tecnológico es el cambio de tendencia hacia el endeudamiento. Las compañías tecnológicas han realizado grandes emisiones de deuda corporativa desde el pasado mes de octubre, ya que el gasto de capital ha dejado de financiarse íntegramente con el flujo de caja libre (aún muy sólido, por otra parte). El nivel de apalancamiento es reducido, los balances están saneados y las calificaciones crediticias son buenas. Los inversores en renta fija pasan ahora a participar de los ingresos de las tecnológicas a través de los cupones, que tienen prioridad sobre beneficios retenidos, recompras de acciones y dividendos. Esto también podría ser relevante para los inversores de renta variable en el sector tecnológico: ¿sería necesaria una prima de riesgo de renta variable algo mayor (un ratio precio-beneficios más bajo)?

Incertidumbre también en el ámbito macroeconómico. Son muchos los factores que están enturbiando las perspectivas macroeconómicas: la incertidumbre política, el contexto geopolítico, la inestabilidad del mercado laboral estadounidense y la persistencia de la inflación hacen que una recesión, un nuevo repunte de los precios y la estanflación sean escenarios claramente posibles. Y la inteligencia artificial abre también la puerta a otro escenario más distópico. El crecimiento podría verse impulsado por la nueva tecnología, pero el valor se concentraría en las «máquinas» (y sus propietarios), mientras aumenta el desempleo y el consumo se desploma. Este es el escenario futuro que plantean un par de informes que han circulado recientemente.

Incluso las perspectivas cíclicas resultan inciertas, especialmente en Estados Unidos. El mercado laboral muestra debilidad: en 2025 no hubo crecimiento del empleo, y la mayor parte del aumento que mostraron los datos de enero se concentró en el sector salud. La renta real disponible se ha mantenido estable en los últimos meses. La inflación subyacente sigue estando en el 3,0% y los mercados aún descuentan al menos dos recortes de tipos de interés por parte de la Reserva Federal este año. No obstante, ello parece deberse más a la esperanza de que el nuevo presidente de la entidad, Kevin Warsh, impulse dichos recortes, aún sin datos que los justifiquen en este momento. La economía estadounidense creció un 2,2% en 2025, sin crecimiento del empleo y sin crecimiento de los salarios en términos reales. Es posible que las máquinas ya estén «ganando».

Seguimos en un mercado alcista. En conjunto, las expectativas (la esperanza) siguen superando a la incertidumbre. La ecuación ha cambiado en el segmento del software, pero es posible que parte de la corrección haya sido excesiva. En otros sectores, se ha registrado una sólida rentabilidad. Gran parte de la incertidumbre relacionada con el contexto macroeconómico y tecnológico se concentra en Estados Unidos: de ahí la rentabilidad relativa inferior de la renta variable estadounidense y el dólar. Es probable que estemos asistiendo a un desplazamiento gradual del posicionamiento global fuera de Estados Unidos, en línea con el clima inversor del último año. La historia en Europa no parece ser tan emocionante, pero es coherente: crece la convicción de que Europa debe asumir el control de su propio futuro. Hay menos incertidumbre en torno a los tipos de interés, la política fiscal está en gran medida bajo control y existe la posibilidad de que se pueda movilizar un gran volumen de ahorro si sale adelante la iniciativa de la Unión de los Mercados de Capitales de la Unión Europea.

Renta fija. En los mercados de renta fija, muchos índices de rentabilidad total se encuentran en máximos históricos. Los préstamos apalancados y otras estrategias de crédito privado se han visto afectados por la corrección que se ha registrado en el segmento del software, pero el impacto no ha sido generalizado. Los diferenciales de crédito han aumentado ligeramente, pero los inversores en fondos de deuda de grado de inversión o de alto rendimiento han acumulado ganancias desde principios de año en términos de rentabilidad total. Las expectativas y esperanzas son más limitadas en este contexto de renta fija, pero si los inversores acaban obteniendo una rentabilidad total similar al rendimiento que hoy ofrece la cartera, con un cierto aporte adicional procedente de la gestión activa, deberían quedar satisfechos.

No hay que subestimar el futuro. El entorno que rodea a la inteligencia artificial cambia con mucha rapidez. Es complicado tener convicciones claras, más allá de que la tecnología está llamada a provocar profundos cambios en el entorno económico. Por el momento, el gasto en inteligencia artificial sigue siendo elevado, y la percepción cada vez más clara de lo que puede llegar a hacer la inteligencia artificial crea tanto inquietud como entusiasmo en los mercados. A corto plazo, es evidente que los más favorecidos por esta dinámica son los fabricantes de semiconductores y hardware; solo hay que fijarse en los impresionantes resultados que ha registrado últimamente Nvidia. Pero incluso en este ámbito hay dudas sobre si el ritmo actual de crecimiento de los ingresos resulta sostenible.

El problema aquí es que resulta imposible saber cuándo se alcanzará el punto de inflexión de la inteligencia artificial. Yo creo que aún no hemos llegado, ya que la adopción y el uso de la nueva tecnología en toda la economía siguen estando en una fase muy incipiente. No obstante, los hiperescaladores han de demostrar su capacidad para desarrollar y vender funciones de computación en la nube y servicios de inteligencia artificial, con el fin de mantener un sólido nivel de ingresos y no dejar que la preocupación por su reciente propensión al endeudamiento debilite la tesis de inversión. Para el resto de la economía, se trata de adaptarse a la inteligencia artificial o quedarse atrás. En última instancia, de ello dependerá la evolución de las cotizaciones. Para los inversores que prefieran no anticipar el resultado, la estrategia que opta por priorizar «lo físico frente a lo digital» podría llevarlos a buscar más diversificación en sus carteras globales.

Datos de rendimiento/fuente de los datos: LSEG Workspace DataStream, ICE Data Services, Bloomberg, BNP Paribas AM, a 26 de febrero de 2026, salvo indicación en contrario. Las rentabilidades obtenidas en el pasado no constituyen indicación alguna de rentabilidades futuras.

Aviso legal

Algunos artículos pueden contener lenguaje técnico. Por esta razón, pueden no ser adecuados para lectores sin experiencia profesional en inversiones. Todos los pareceres expresados en el presente documento son los del autor en la fecha de su publicación, se basan en la información disponible y podrían sufrir cambios sin previo aviso. Los equipos individuales de gestión podrían tener opiniones diferentes y tomar otras decisiones de inversión para distintos clientes. El presente documento no constituye una recomendación de inversión. El valor de las inversiones y de las rentas que generan podría tanto bajar como subir, y es posible que el inversor no recupere su desembolso inicial. Las rentabilidades obtenidas en el pasado no son garantía de rentabilidades futuras. Es probable que la inversión en mercados emergentes o en sectores especializados o restringidos esté sujeta a una volatilidad superior a la media debido a un alto grado de concentración, a una mayor incertidumbre al haber menos información disponible, a una liquidez más baja o a una mayor sensibilidad a cambios en las condiciones sociales, políticas, económicas y de mercado. Algunos mercados emergentes ofrecen menos seguridad que la mayoría de los mercados desarrollados internacionales. Por este motivo, los servicios de ejecución de operaciones, liquidación y conservación en nombre de los fondos que invierten en emergentes podrían conllevar un mayor riesgo. Los activos privados son oportunidades de inversión no disponibles a través de mercados cotizados como por ejemplo las bolsas de valores de renta variable. Permiten a los inversores beneficiarse directamente a temas de inversión a largo plazo y pueden brindarles acceso a sectores especializados como infraestructura, inmobiliario, private equity y otros alternativos difícilmente disponibles a través de medios tradicionales. No obstante, los activos no cotizados requieren un examen minucioso, pues tienden a tener niveles elevados de inversión mínima y pueden ser complejos e ilíquidos.

Back to Top