En los últimos encuentros económicos y financieros internacionales, hemos observado un interés muy limitado por Europa. Según Isabelle Mateos y Lago, economista jefe del Grupo BNP Paribas, es como si muchos pensaran que el «momento de Europa», como lo llamó la presidenta del BCE Christine Lagarde, ya hubiera pasado.
Los medios de comunicación europeos no han dejado de publicar noticias negativas sobre los riesgos políticos, la persistente debilidad industrial y la incapacidad para llevar a cabo reformas que puedan preservar el lugar de Europa en un mundo cada vez más dominado por Estados Unidos y China.
Sin embargo, de una forma bastante discreta, están pasando también muchas cosas positivas.
Repunte generalizado de la actividad
Durante las últimas tres semanas, las sorpresas económicas en la eurozona han apuntado mayoritariamente al alza, y por un margen creciente1. En términos generales, el PIB del tercer trimestre superó las previsiones de consenso. El crecimiento de la eurozona en su conjunto repuntó al 0,2% intertrimestral y al 1,4% en términos interanuales, impulsado por la sorprendente solidez del crecimiento en Francia, con un 0,5%, y la continua fortaleza de España, con una subida del 0,6% intertrimestral.
Es cierto que Alemania e Italia se han estancado. Sin embargo, hay indicios que apuntan a que lo peor del verano podría haber pasado ya. De hecho, los datos de producción industrial y matriculación de vehículos correspondientes al mes de septiembre mostraron un cierto dinamismo, tanto en la región en su conjunto como en las tres principales economías.
Además, según la encuesta trimestral de la Comisión Europea, la tasa de utilización de capacidad de la eurozona se mantuvo en el 78,2%, su nivel más alto en 18 meses, mientras que la cartera de pedidos alcanzó el nivel máximo de los últimos tres años y medio.
Las exportaciones, incluidas las dirigidas a Estados Unidos, han mostrado una notable solidez. A pesar del complicado entorno, caracterizado por el fuerte aumento de los aranceles estadounidenses y la mayor presión competitiva procedente de China, tanto en Europa como en otros mercados, las exportaciones de la eurozona repuntaron con fuerza en septiembre, con un incremento del 4,7% en términos intermensuales, marcando así el mayor aumento mensual desde la pandemia.
Dicho repunte neutralizó el retroceso registrado entre abril y agosto. En general, las exportaciones continúan tendiendo al alza y el total acumulado de los últimos 12 meses ha marcado un nuevo máximo histórico.
A juzgar por las encuestas, el cuarto trimestre también ha empezado con buen pie: según los índices de gestión de compras, las compañías de la eurozona han registrado una aceleración del crecimiento de la producción por quinto mes consecutivo, marcando así el mayor ritmo de expansión desde mayo de 2023.
El crecimiento del sector servicios, impulsado por la demanda interna, vino acompañado de un nuevo aumento de la producción manufacturera, que encadena así ocho meses consecutivos al alza, la mejor racha desde la pandemia.
Según la entidad encargada de elaborar los índices de gestión de compras, estos resultados «apuntan a un crecimiento del PIB de la eurozona a una tasa trimestral del 0,3%», es decir, una aceleración con respecto al tercer trimestre. Los sectores que registraron los mayores incrementos de actividad, como los de maquinaria y equipos, reflejan el fuerte repunte de la inversión pública en Alemania (con un aumento del 30% con respecto a 2024 a finales de septiembre).
De hecho, los índices de Alemania mostraron un aumento de la producción al ritmo más rápido desde mayo de 2023, y las empresas del país comunicaron una mejora de las condiciones de demanda interna.
Por el contrario, los índices de Francia reflejaron una mayor contracción en octubre, algo que, sin embargo, no se ve respaldado por los datos nacionales, en concreto por las encuestas de actividad elaboradas por el Banque de France y correspondientes a octubre y noviembre. Dichas encuestas apuntan a una aceleración de la actividad superior a las expectativas tanto en el sector servicios como en el manufacturero, con contracción únicamente en el sector de la construcción (de hecho, a diferencia de lo que ha ocurrido en Alemania, los índices franceses de gestión de compras no han sabido predecir correctamente la evolución del PIB en los últimos años).
Por otra parte, el índice de sentimiento económico, que la Comisión Europea publica con periodicidad mensual, lleva cinco meses consecutivos mejorando de forma notable, hasta alcanzar el nivel más alto de los últimos 18 meses. Todos los sectores muestran mejoras.
Es cierto que todos siguen estando algo por debajo de su media a largo plazo. No obstante, es lógico que así sea, ya que el nivel de incertidumbre política se acerca a sus máximos en muchos años y el orden económico y geopolítico mundial está sufriendo importantes transformaciones. Un dato que resulta especialmente alentador es que la encuesta trimestral de sentimiento económico muestra una importante mejora de las carteras de pedidos.
Aunque es cierto que el consumo continúa mostrando debilidad y que las ventas minoristas carecen de dinamismo, los índices de gestión de compras correspondientes a los bienes de consumo reflejan una clara tendencia de mejora, los índices de servicios de consumo registran un aumento de la actividad y las expectativas de desempleo de los consumidores, según la encuesta de la Comisión Europea, mejoraron de forma significativa en octubre.
Además, el indicador adelantado de la Comisión sobre la confianza de los consumidores aumentó por segundo mes consecutivo hasta situarse en -14,2 puntos en la eurozona, lo que supone un incremento de 0,7 puntos porcentuales. Ello la acercó a su media a largo plazo y puso fin a la tendencia generalizada de estancamiento que se venía registrando desde abril de 2025.
Por otra parte, los balances de las familias están saneados, con una elevada tasa de ahorro y una reducción del endeudamiento, lo que debería respaldar el consumo una vez que el optimismo volviera a los mercados.
Asimismo, se prevé que la inflación se mantenga en niveles moderados e incluso caiga por debajo del 2% en 2026, mientras que el indicador prospectivo de salarios del BCE apunta a un crecimiento salarial superior al 2%, lo que contribuiría a ir recuperando el poder adquisitivo. Esto es algo crucial, ya que, según nuestro análisis, la mayoría de los consumidores cuya principal fuente de ingresos procede de los salarios aún no ha recuperado el poder adquisitivo que tenía antes del repunte inflacionista.
Un nuevo pragmatismo normativo
Aunque entre las empresas de la Unión Europea, y también entre algunos de sus socios comerciales, sobre todo en Estados Unidos, existe la creencia generalizada de que el crecimiento de la economía europea se ve frenado por un exceso de normas y burocracia, lo cierto es que en Bruselas y el resto de las capitales europeas comienza a apreciarse un cambio de rumbo desde la publicación del Informe Draghi sobre competitividad europea en septiembre de 2024.
En un primer momento era un movimiento apenas perceptible, pero en los últimos meses ha ido cobrando fuerza y ha empezado a producir efectos significativos en una amplia gama de sectores. Por ejemplo, los compromisos de emisión de carbono para la COP30 se han ajustado siguiendo un criterio de viabilidad práctica y la puesta en marcha del régimen ampliado de comercio de derechos de emisión se ha pospuesto dos años.
La semana pasada, el Parlamento Europeo aprobó simplificaciones significativas de los requisitos de comunicación de información climática y de diligencia debida en materia de cuestiones ESG. Estos cambios supondrán un alivio muy necesario para amplios sectores de la industria europea.
Por su parte, en lo que respecta al sector financiero, se ha pospuesto la entrada en vigor de la normativa que habría colocado en situación de desventaja a los bancos europeos frente a los británicos o estadounidenses, como la denominada Revisión Fundamental de la Cartera de Negociación. Además, Maria Luís Albuquerque, Comisaria europea de Servicios Financieros, afirmó la semana pasada3 que «ha llegado el momento de convertir la resiliencia en competitividad, la prudencia en progreso y la normativa en un incentivo para el crecimiento», y abogó por una gestión de riesgos más inteligente en Europa.
También resulta alentador el anuncio realizado por la Comisión sobre la futura presentación de propuestas dirigidas a centralizar elementos esenciales para la supervisión de los mercados financieros, lo que podría constituir un paso importante hacia una Unión de Ahorro e Inversión más integrada.
En algunos ámbitos como la normativa en materia de inteligencia artificial y la revisión de las normas sobre fusiones, se están comenzando a tener más en cuenta las cuestiones relativas a la competitividad y la soberanía.
Por último, la defensa se está revelando como un banco de pruebas prometedor para nuevas formas de cooperación intergubernamental que no requieren participación unánime.
Todo esto debería ser música para los oídos de quienes veían con desesperanza cómo el espíritu del Informe Draghi de 2024 tardaba en ser asumido con mayor decisión por los responsables políticos europeos.
Adopción de la inteligencia artificial y otras tecnologías avanzadas
A veces se proyecta la imagen de una Europa que va muy por detrás de Estados Unidos y de China en lo que se refiere a la inteligencia artificial y otras tecnologías avanzadas. Sin embargo, la realidad tiene muchos más matices.
Según el Banco Europeo de Inversiones, la mayoría de las empresas de la región utilizan tecnologías digitales, y lo hacen en una proporción muy parecida a las compañías estadounidenses. En el sector manufacturero, las empresas europeas están mejor posicionadas en lo que se refiere al uso de la inteligencia artificial y el big data (28% de las empresas estadounidenses frente al 48% de las compañías de la Unión Europea) y a la automatización mediante robótica (36% de las empresas estadounidenses frente al 55% de las europeas).
Sin embargo, en los sectores de los servicios y las infraestructuras ocurre lo contrario. En conjunto, en torno al 37% de las empresas europeas utilizan inteligencia artificial generativa, en línea con las estadounidenses4. Y, en términos per cápita, Europa cuenta con un 30% más de expertos en inteligencia artificial en su población activa que Estados Unidos.
Resulta difícil competir con el nivel de inversión estadounidense en productos de propiedad intelectual (6,8% del PIB en 2024). Sin embargo, el ratio es incluso superior en Suecia (7,3%) y Dinamarca (7%), y Francia registra una cifra nada desdeñable (5,2%). Esta dinámica se traduce en el mercado laboral: desde finales de 2019, casi la tercera parte de la creación neta de empleo en la eurozona (1,9 millones de un total de 7 millones de puestos de trabajo) corresponde al sector de la alta tecnología5.
En resumen: estamos asistiendo a un profundo cambio estructural, así como a un fortalecimiento del crecimiento en una creciente gama de sectores y países.
No cabe duda de que Europa, al igual que todas las grandes economías, se enfrenta a importantes dificultades estructurales, especialmente en los ámbitos demográfico y fiscal, así como en lo que respecta a la adaptación a la inteligencia artificial y el cambio climático. Y tiene que ponerse al día en áreas críticas como la defensa, la soberanía económica y la producción de tecnologías avanzadas. Son frentes en los que tiene que avanzar más y con mayor rapidez.
Sin embargo, Europa cuenta con las hojas de ruta, el talento y la financiación necesarios para lograrlo; y no se ve tan afectada como otras regiones por los desajustes evidentes o las profundas divisiones sociales que podrían poner en peligro la sostenibilidad de estas tendencias positivas. Ahora solo tiene que aprender a incorporar esa capacidad de poner en valor los logros conseguidos, algo que nuestros socios estadounidenses saben hacer tan bien.
[1] Índice de sorpresas económicas de Citigroup.
[2] Véase el artículo «Has households’ purchasing power returned to its pre-inflation level?»Desde entonces, el grado de recuperación ha aumentado unas décimas porcentuales, con la excepción de Alemania y Japón.
[3] From Stability to Ambition: The Next Chapter for Europe’s Banks.
[4] Encuesta de inversión del IEB 2025: visión general de la Unión Europea, octubre de 2025.
[5] Nuestro próximo Gráfico de la semana: «Creación de empleo en el sector de la alta tecnología, motor del mercado laboral en la eurozona».