La semana pasada escuché un podcast que empezó diciendo: «Menudo año tuvimos la semana pasada». Han pasado muchas cosas en el mundo. El riesgo político y geopolítico seguirá siendo una preocupación constante para los inversores, en un contexto de evolución y cambios en la seguridad mundial y el escenario político.
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Dicho contexto podrá aumentar la volatilidad de los mercados, pero no es fácil determinar cuáles pueden ser las consecuencias reales a corto plazo. La opinión general es que el crecimiento se mantiene en territorio positivo, la inflación está en niveles moderados (aunque sigue estando por encima de los objetivos fijados por los bancos centrales) y el ciclo de recortes de tipos de interés sigue teniendo recorrido.
Por lo tanto, el escenario continúa respaldando la rentabilidad de la inversión, si bien esta podría moderarse en comparación con los niveles registrados en 2025. Mientras tanto, los inversores centrarán su atención en cuestiones clave como la seguridad, la autonomía y la capacidad de resistencia de las cadenas de suministro.
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Todo gira en torno a Estados Unidos
Debemos interpretar la evolución del escenario geopolítico desde principios de 2026 en el contexto del enfoque de Estados Unidos en materia de política exterior, tal y como se describe en el documento sobre la Estrategia de Seguridad Nacional del pasado mes de noviembre.
En él se establece de forma clara que el principio que guía la política exterior estadounidense es el que aboga por priorizar Estados Unidos («America first»). La intervención en Venezuela encaja con el objetivo de reforzar la influencia en el hemisferio occidental; el acceso a los yacimientos minerales de Groenlandia con el de seguridad económica; los riesgos implícitos al futuro de la OTAN y la salida de otras organizaciones internacionales podrían considerarse coherentes con los principios de «primacía de las naciones» y «soberanía y respeto».
Como inversores, debemos ser conscientes del riesgo que supone el cambio en el equilibrio de poder mundial, que podría afectar a los mercados, las relaciones comerciales y los flujos de inversión. Como mínimo, las manifestaciones de la política estadounidense pueden influir en la confianza de los inversores y la volatilidad de los mercados. Pero también es probable que tengan consecuencias más profundas y duraderas.
Siempre el petróleo
Las posibilidades en este ámbito son muy variadas. Los mercados de petróleo podrían verse afectados tanto por los intereses estadounidenses en las reservas petroleras de Venezuela como por el potencial cambio de régimen político en Irán, cuestiones ambas que podrían alterar la dinámica del suministro mundial de petróleo.
Un posible resultado sería la reducción de los precios del petróleo. De ahí se derivarían consecuencias en el nivel de inversión y los tipos de interés, las balanzas comerciales, los ingresos gubernamentales de los países productores de petróleo y la economía relativa de las fuentes de energía renovables frente a las de combustibles fósiles.
A corto plazo, la situación en Irán podría provocar un repunte repentino de los precios del petróleo, con efectos en otros mercados.
Amenazas al dólar
Las perspectivas del dólar estadounidense también resultan interesantes.
Desde principios de la década de 1970, el marco del petrodólar ha respaldado el papel del billete verde como divisa de reserva mundial. El hecho de que el precio del petróleo, y de otras materias primas, se fijara en dólares garantizaba una enorme oferta de la divisa estadounidense al resto del mundo. Los dólares se reciclaban en títulos del Tesoro estadounidense y otros activos, lo que permitía a Estados Unidos financiar el déficit por cuenta corriente provocado por los elevados niveles de consumo y de gasto público (en defensa).
En su libro Smart Money, Brunello Rosa señala que la amenaza al dólar procede fundamentalmente de la expansión mundial de China. Con iniciativas políticas como la conocida como «nueva ruta de la seda» de China (Belt and Road) y el desarrollo de la divisa digital del banco central de Pekín, China está incrementando de manera gradual el uso del renminbi en los pagos internacionales vinculados al comercio. El control de las cadenas globales de suministro y las materias primas está estrechamente relacionado con la hegemonía monetaria a escala mundial.
Aún estamos lejos de que la categoría de divisa de reserva del dólar se vea amenazada de manera irreversible. Sin embargo, el creciente uso de las divisas digitales de los bancos centrales y la existencia de un equilibrio de poder cada vez más bipolar suponen una verdadera amenaza. Una mayor cuota de influencia sobre la oferta mundial de petróleo serviría para contrarrestar estos riesgos, al igual que mantener relaciones estratégicas con los principales productores de petróleo, principalmente Arabia Saudí.
Pero el dólar se enfrenta a otro tipo de riesgos, más allá del geopolítico.
También hay que tener en cuenta el deterioro de la situación fiscal de Estados Unidos, la potencial influencia política en la política monetaria del país y la posibilidad de que los inversores internacionales reaccionen a la incertidumbre política reduciendo sus asignaciones en dólares. Es probable que el aumento en dólares del precio del oro, la plata y el platino sea un reflejo de los riesgos relacionados con el escenario geopolítico y la política económica estadounidense.
En lo que respecta a Estados Unidos, la gran amenaza es que el deterioro de la confianza en el dólar aumente el coste de financiación del doble déficit. El aumento de los rendimientos de los títulos del Tesoro sería una mala noticia para un mercado de renta variable que ya cotiza con valoraciones elevadas.
Control de la inteligencia artificial
La pugna por el liderazgo mundial entre China y Estados Unidos se manifiesta de manera especialmente evidente en el ámbito tecnológico.
La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos insiste en la necesidad de garantizar el acceso a cadenas de suministro y minerales críticos, así como de luchar por el dominio energético (aunque rechazando el cambio climático), reforzar las industrias de defensa y conservar el domino estadounidense del sector financiero.
No es de extrañar que el precio de las materias primas esté aumentando, ya que el control de las cadenas de suministro se ha convertido en una prioridad para las potencias mundiales. Al igual que ha ocurrido con los metales preciosos, el precio de, por ejemplo, el cobre y el aluminio ha subido enormemente en el último año. El acceso a las tierras raras y a los componentes tecnológicos, especialmente los semiconductores, juega un papel crucial en el dominio económico mundial. En este sentido, el futuro de Taiwán sigue siendo una cuestión geopolítica clave para los mercados financieros.
Límites al conflicto
El escenario actual resulta fascinante y podría tener profundas consecuencias en las tendencias económicas mundiales.
Lo que podría impedir que se materializaran los escenarios más catastróficos en el marco del actual reajuste del orden mundial, del multilateralismo a un sistema multipolar (o bipolar), sería lo que se conoce como «destrucción mutua asegurada».
Opciones nucleares como una venta masiva de títulos del Tesoro estadounidense o una absorción de Taiwán por parte de China podrían derivar en un escenario de caos de la economía mundial, o algo peor, sin ganadores inmediatos. Por lo tanto, seguiremos atentos a la posibilidad de que estos riesgos extremos acaben por materializarse, pero el peligro es que pasemos por alto las consecuencias más graduales que podría tener la evolución del contexto geopolítico en los mercados.
Activos reales y estratégicos
En el contexto actual en constante evolución, vemos motivos de peso para invertir en activos reales y estratégicos.
Así lo demuestran ya el oro y la plata, pero también podrían comenzar a hacerlo otras materias primas. De hecho, yo lo extendería a los activos relacionados con la producción y la distribución de alimentos, la energía y el agua.
Como hemos visto, el sector de la defensa podría salir claramente reforzado.
El cambio de enfoque en el ámbito de la inteligencia artificial, del desarrollo a la adopción de la tecnología, podría cobrar especial relevancia, ya que, en última instancia, el uso de la inteligencia artificial será más importante que tener el mayor número de centros de datos o contar con el mejor gran modelo lingüístico.
Detrás de muchas de estas tendencias subyacen los intereses de seguridad nacional a ambos lados del orden mundial bipolar (Rusia también es importante, pero está alineada con China en el marco de su alianza estratégica «sin límites» alcanzada en 2022).
Perspectivas de consenso favorables desde el punto de vista cíclico
Más allá del prisma estratégico y geopolítico, el ciclo económico sigue siendo crucial para la rentabilidad de la inversión a corto plazo.
A pesar de las circunstancias que se han producido recientemente, en 2026 los mercados están siguiendo las mismas tendencias que siguieron en 2025. La renta variable ya ha marcado niveles máximos, el rendimiento de los bonos se mantiene estable y los diferenciales de crédito siguen estando en niveles reducidos.
Las expectativas de consenso apuntan a un crecimiento sólido y estable, con un nivel de inflación algo por encima del objetivo fijado por los bancos centrales. Los datos de inflación de los precios al consumo en Estados Unidos correspondientes al mes de diciembre lo han confirmado, con una inflación general del 2,7%. Las expectativas sobre los tipos de interés también se mantienen estables. En lo que respecta a las principales divisas, solo el yen japonés parece mostrar algún indicio de depreciación, mientras que el resto mantienen también la estabilidad.
Valoraciones elevadas y optimismo en los mercados
En este contexto, el enfoque en el carry en renta fija sigue siendo la estrategia más atractiva. Hay pocos indicios de que vayamos a asistir a un deterioro estructural de las condiciones de crédito, lo que convierte a la deuda de alto rendimiento en la forma más directa de posicionarse en un contexto de condiciones de crédito corporativo favorables.
A finales de 2025 concluimos que la volatilidad de los tipos sería reducida, ante el próximo fin del ciclo de recortes de tipos de interés en 2026. Sin embargo, ello podría venir acompañado de un aumento de la pendiente de las curvas de tipos. El contexto fiscal y el potencial incremento de la inflación podrían acelerar dicho aumento en algunos momentos.
La temática de la inteligencia artificial continúa respaldando los resultados de la renta variable; los próximos datos de beneficios empresariales nos darán una idea de si los hiperescaladores tienen la intención de mantener su tendencia de gastos de capital. No obstante, en términos generales, las expectativas de beneficios son sólidas en un contexto de crecimiento económico positivo.
La temporada de presentación de los resultados registrados por las empresas estadounidenses durante el cuarto trimestre ha empezado muy bien: los grandes bancos han superado las expectativas de los analistas, impulsados, en buena medida, por los sólidos ingresos por operaciones en renta variable. Sin embargo, las declaraciones del presidente Donald Trump sobre la necesidad de limitar los tipos de interés de las tarjetas de crédito han afectado a la cotización de los bancos estadounidenses, en otro ejemplo de la importancia que seguirá teniendo la incertidumbre política en los mercados.
¿Crecimiento de la economía sin aumento del empleo?
El mercado laboral estadounidense también podría suponer un riesgo a la baja para el crecimiento. El año pasado fue el año con menor creación de empleo no agrícola (584.000 nuevos puestos de trabajo) desde 2009 (con la excepción de 2020, cuando la pandemia provocó el cierre de la economía mundial). De hecho, en los últimos 50 años, solo ha habido 11 en los que la creación de empleo haya sido inferior.
En todos los casos, ello se produjo en un periodo de recesión. La nota positiva es que la tasa de desempleo permanece relativamente próxima al nivel de pleno empleo. Sin embargo, el consumo y algunos indicadores de confianza empresarial muestran debilidad, los aranceles a la importación continúan afectando a la economía y el clima político es muy tenso.
La opinión generalizada es que la inteligencia artificial está destruyendo puestos de trabajo. Además, Estados Unidos no tiene intención de crear más empleo público, y durante la mayor parte de los últimos tres años el índice manufacturero elaborado por el ISM se ha mantenido por debajo de 50, lo que indica contracción. ¿De dónde podría venir la aceleración del empleo?
Aun cuando la inflación está más próxima al 3% que al 2%, se mantiene la presión a la baja sobre los tipos de interés. La vía por la que se llegue a ese escenario, ya sea mediante persuasión política o por la ralentización del crecimiento económico, será de enorme importancia para la curva de tipos y el dólar estadounidense.
Fuente de los datos: LSEG Workspace DataStream, ICE Data Services, Bloomberg, BNP Paribas Asset Management, a 15 de enero de 2026, salvo indicación en contrario.