Mientras vamos recibiendo noticias sobre el conflicto en Oriente Próximo prácticamente en tiempo real, solo nos queda observar la reacción del mercado a los últimos acontecimientos, tratar de descifrar las premisas implícitas e imaginar los posibles escenarios futuros.
En nuestra opinión, el precio de mercado más importante es el del crudo Brent. En el momento de redactar este artículo, el petróleo Brent cotizaba a 86 dólares el barril, un 20% más del que marcaba al cierre del viernes anterior (véase el gráfico 1). Si bien se trata de un aumento significativo, es algo inferior al que anticipaban las peores previsiones, que apuntaban a más de 100 dólares, y también inferior a los máximos registrados en los últimos años. Las expectativas de mercado anticipan una caída en las próximas semanas.
Por lo tanto, la premisa implícita del mercado en lo que se refiere a la evolución de la guerra en curso parece ser que esta se prolongará durante varias semanas, no meses, y que la intensidad del conflicto irá disminuyendo con el tiempo. La reducción del número de misiles y drones que ha lanzado Irán estos últimos días parece respaldar esta idea.
Parece poco probable que vaya a producirse un bloqueo total del Estrecho de Ormuz, ya que Irán también necesita exportar su propio petróleo y el cierre de este paso va en contra de sus intereses. Es evidente que todas estas premisas podrían cambiar en cualquier momento si, por ejemplo, se produjera un ataque contra una infraestructura energética crítica.

En términos generales, el resto de las clases de activos se han comportado como cabría esperar (no es la primera crisis que se vive en Oriente Próximo), aunque hay algunas diferencias con respecto a episodios anteriores. El precio del petróleo ha aumentado más de lo que lo hizo durante la Guerra del Golfo, y el dólar estadounidense se ha revalorizado en mayor medida de lo que lo ha hecho en otras crisis, lo que, en cierta medida, pone en entredicho la estrategia de reducción de la exposición a los activos estadounidenses (véase el gráfico 2).

El rendimiento de los títulos del Tesoro de Estados Unidos ha aumentado durante la última semana, ya que la preocupación por un posible aumento de la inflación ha contrarrestado en parte su condición de activo refugio. La renta variable ha registrado una caída moderada, pero con una amplia dispersión de rentabilidad entre los distintos sectores: los metales preciosos han caído un 16% y las aerolíneas lo han hecho en un 9%, mientras que las compañías petroleras han subido un 4%-5%.
La crisis ha provocado diversos cambios de tendencia a medida que se han ido corrigiendo posiciones excesivamente cortas o largas. Por ejemplo, el índice MSCI Korea, que había subido un 58% en divisa local desde principios de año, ha caído un 12% desde el viernes 27 de febrero. La renta variable japonesa ha registrado una caída similar. Por el contrario, las compañías estadounidenses del sector del software han repuntado tras los desfavorables resultados de los últimos meses, con una subida del 4% en la última semana.
Como ocurre en todas las crisis, los precios de los activos cambian, lo que puede ofrecer oportunidades para iniciar posiciones con valoraciones más atractivas. La inestabilidad provocada por la guerra no ha cambiado (aún) nuestras favorables perspectivas para los activos de riesgo este año. Para que eso ocurriera, los precios del petróleo tendrían que subir mucho más y mantenerse en niveles elevados durante mucho tiempo.
Más allá de la guerra
Es lógico que sea la guerra la que acapare todos los titulares y la atención de los inversores, pero los datos económicos siguen publicándose, lo que nos permite evaluar la evolución de la economía mundial. Aunque estas cifras no reflejan la situación actual, nos ofrecen una idea de la debilidad o la solidez que muestran las economías ante los nuevos retos que se van presentando.
Los datos publicados esta última semana han resultado alentadores. Tal y como muestran los índices de gestión de compras, el sector servicios ha mantenido su tendencia de expansión de la actividad. En Estados Unidos, el componente correspondiente al sector servicios del índice de febrero elaborado por el ISM ha subido a los 56,1 puntos, marcando así su nivel más alto en cuatro años (una cifra superior a 50 indica expansión).
En lo que se refiere al sector manufacturero, las cifras son algo más moderadas, pero la mayoría de los índices se sitúan algo por encima de los 50 puntos. En concreto, los índices de los mayores países europeos superan los 50 puntos por primera vez en muchos años.
Los datos de empleo no agrícola en Estados Unidos mostraron una sorprendente debilidad, lo que, junto a las revisiones negativas del mes anterior, contribuirá a calmar el temor a un posible sobrecalentamiento de la economía. Ello podría contrarrestar a su vez la preocupación por un posible aumento de la inflación derivado de la subida de los precios del petróleo y respaldar nuevos recortes de tipos de interés por parte de la Reserva Federal este año.