Un final permanente del conflicto en Oriente Próximo derivado del actual alto el fuego implicaría un cierto impacto en las perspectivas macroeconómicas, pero no una completa desestabilización. Los mercados podrían volver a los niveles de valoración que se registraban antes de la guerra, con diferenciales de crédito reducidos y elevados múltiplos de valoración para la renta variable. Es evidente que el mercado responde positivamente a cualquier avance hacia la paz. ¿Volveremos a las valoraciones previas al 27 de febrero? De ser así, ¿cómo afectaría a las perspectivas a largo plazo?
- Cuestiones macroeconómicas clave: ¿será el aumento de la inflación un repunte transitorio o una tendencia más persistente?
- Cuestiones de mercado clave: ¿aprovechar las oportunidades que abre un escenario de paz o adoptar una postura más defensiva ante una nueva escalada?
El mercado se aferra a la paz
El anuncio de un alto el fuego de dos semanas en el conflicto entre Estados Unidos e Irán provocó un repunte de los mercados. La esperanza es que esta tregua temporal derive en un acuerdo de paz permanente y en una normalización gradual de los mercados de energía.
Tras el anuncio, se produjo una reducción de las expectativas de tipos de interés, una disminución de los diferenciales de crédito y un repunte de la renta variable. Sin embargo, pronto empezaron a aparecer ciertas fisuras en el alto el fuego y los mercados cedieron parte de las ganancias que habían registrado el 8 de abril.
Evidentemente, ese no es el único escenario posible. Según informaciones publicadas en los medios, la lista de exigencias iraníes para alcanzar un acuerdo permanente, entre las que se incluye el control del paso marítimo por el estrecho de Ormuz, resulta inaceptable para Estados Unidos y sus aliados en la región.
Existe el riesgo de que, si las partes no consiguen avanzar hacia unas condiciones mutuamente aceptables, el conflicto se reanude y los mercados se resientan. En un periodo de mayor riesgo geopolítico y de incertidumbre en torno a la política estadounidense, las perspectivas de inversión siguen estando poco claras.
Los escenarios muy extremos también son posibles, pero no parece muy probable que lleguen a materializarse dada la realidad política actual, lo que lleva a los mercados a reaccionar con optimismo a las buenas noticias. Los participantes en el mercado piensan, y con razón en mi opinión, que, a pesar a la retórica utilizada, la política estadounidense no provocará de forma deliberada una desaceleración de la economía mundial.
La economía ha mostrado una notable capacidad de resistencia. Los costes de financiación son bajos y el crecimiento de los beneficios empresariales es sólido. Los analistas de renta variable siempre tardan en revisar sus previsiones, y a menudo necesitan cierta orientación por parte de las propias empresas para ello, pero las expectativas de consenso más recientes sobre el crecimiento de los beneficios por acción para los próximos doce meses muestran una tendencia de mejora.
Y no nos olvidemos de la importante revolución tecnológica que hay en marcha, que, aunque está afectando a algunas actividades económicas, también ofrece una gran oportunidad para que las empresas aumenten su productividad y los inversores identifiquen nuevas fuentes de rentabilidad potencial.
Visión con perspectiva
Si se logra una desescalada permanente de las tensiones en el Golfo, los inversores podrán volver a centrar su atención en la construcción de carteras sólidas, por lo que es importante evaluar cuál es la situación actual de los mercados. Son numerosas las temáticas que podrían volver a impulsar las tendencias de inversión en el futuro.
Entre ellas destacan el impacto macroeconómico de los acontecimientos que se han producido en las últimas seis semanas, la reacción de los bancos centrales a los cambios que han sufrido sus probabilidades de alcanzar los objetivos de inflación y el punto en el que se encuentra el ciclo de la inteligencia artificial ante el aumento de los costes de la energía y las dudas sobre el gasto de capital relacionado con la nueva tecnología.
También está la cuestión de si el crédito privado podrá recuperar su papel como fuente de financiación para las empresas medianas, especialmente dentro del ecosistema tecnológico.
Si el alto el fuego no prospera, los mercados volverán a caer. Si lo hace, podríamos regresar rápidamente a los máximos alcanzados recientemente. El índice S&P 500 está solo un 3% por debajo de su máximo histórico, y el Euro Stoxx apenas un 4%. El índice de rentabilidad total de la deuda estadounidense de alto rendimiento ya está en sus niveles máximos, mientras que los índices de deuda de grado de inversión están en torno a un 1% por debajo de su máximo histórico. ¿Qué hacemos cuando alcancemos esos niveles?
Un ejercicio aún más complejo consiste en determinar qué hacer si el conflicto alterna entre el alto el fuego y un desgaste prolongado. Ya conocemos más o menos el guion: los precios del petróleo suben, el temor a la estanflación reaparece, la volatilidad se mantiene elevada y las perspectivas de la economía mundial se deterioran.
Al final, se impone una actitud de aversión al riesgo hasta que las partes ponen fin a la situación. Mientras tanto, la volatilidad y las pérdidas de mercado siguen erosionando capital y la confianza de los inversores se ve aún más afectada.
¿Qué perspectivas ofrecen los mercados a medio plazo?
La adopción de una perspectiva a medio plazo implica que, en algún momento, se alcanzará algún tipo de solución. Pero, por desgracia, también implica aceptar que las expectativas de rentabilidad serán relativamente moderadas. Los rendimientos de los bonos, que están en niveles más altos que hace un año y que cuando empezó el conflicto, siguen moviéndose dentro de unos rangos de cotización bien definidos.
No se ha producido ningún cambio en el régimen de valoración del mercado; la idea central es que los tipos de interés se sitúan próximos al nivel neutral y que las expectativas de inflación se mantienen estables. Así, las expectativas de rentabilidad nominal a medio plazo se sitúan entre el 3,5% y el 4,5% en el caso de los títulos del Tesoro estadounidense, entre el 2,5% y el 3,5% para la deuda pública europea y entre el 4,5% y el 5,0% en lo que respecta a la deuda pública británica. La rentabilidad solo aumentaría si los bancos centrales optaran por volver a un régimen de recortes de tipos de interés.
Es posible que asistamos a un aumento de los rendimientos de los bonos y a unos niveles de entrada más atractivos en renta fija si el mercado incorpora en mayor medida un riesgo de inflación estructuralmente más elevado a causa del actual contexto geopolítico o si los inversores exigen mayores rentabilidades por absorber un mayor volumen de deuda pública.
Sin embargo, por el momento, la deuda pública a tipo fijo no resulta especialmente atractiva y la estabilidad de la trayectoria de rentabilidad se ve amenazada por la inflación y el contexto fiscal.
Defensa
Para los inversores defensivos con enfoque en la generación de rentas y horizonte a medio plazo, complementar una cartera base de deuda pública «libre de riesgo» con crédito debería impulsar la rentabilidad compuesta esperada.
Los mercados de deuda corporativa cotizada han obtenido unos resultados razonablemente favorables, sin problemas de liquidez ni deterioro de las tendencias de crédito; el aumento de los precios de la energía ha amenazado la calificación crediticia de ciertas compañías, como las aerolíneas, las de materiales de construcción y las de productos químicos, así como la de ciertos países que son grandes importadores de energía.
Sin embargo, a nivel de mercado, tras ampliarse en un primer momento, los diferenciales de crédito han recuperado en torno a la mitad de la corrección inicial.
Aunque la rentabilidad pasada no es indicativa de rentabilidad futura, históricamente, la incorporación de hasta un 50% de crédito de grado de inversión a una cartera de deuda pública ha impulsado la rentabilidad compuesta en un horizonte de varios años entre 70 y 100 puntos básicos, sin aumentar la volatilidad de la cartera.
Desde una perspectiva táctica, el crédito ha visto aumentado su atractivo. Algunos dirán que los diferenciales están en niveles excesivamente reducidos: desde 1996, los diferenciales han estado por encima de los niveles actuales alrededor del 86% del tiempo en los mercados de deuda de grado de inversión y de alto rendimiento en dólares. Existe una cierta asimetría en las perspectivas, pero los fundamentales y la demanda de crédito continúan respaldando al mercado.
Con los niveles actuales de rendimientos, una rentabilidad de entre el 4,5% y el 5,0% para la deuda estadounidense de grado de inversión a medio plazo parece una expectativa razonable.
La incorporación del crédito de alto rendimiento aumenta el riesgo de la cartera, pero históricamente ha sumado en torno a 250-300 puntos básicos a la rentabilidad con una asignación del 50% en combinación con una cartera de referencia de deuda pública. La combinación de tipos y alto rendimiento resulta atractiva, ya que suele existir una correlación negativa entre ambas trayectorias de rentabilidad.
Los inversores pueden recurrir al crédito de alto rendimiento para aumentar la rentabilidad de lo que, en esencia, es una cartera defensiva. La rentabilidad del índice de deuda global de alto rendimiento se sitúa en el 7% y el mercado ha mostrado una notable capacidad de resistencia, por lo que las perspectivas para la clase de activo tras el conflicto son favorables.
Potencial alcista de la renta variable en un escenario de paz
Las estrategias más agresivas deben incorporar la renta variable a las carteras. Lo que preocupa a los inversores en este caso es que, a pesar de la ligera reducción que han registrado los ratios precio-beneficios en las últimas semanas, muchos mercados (y muchas compañías concretas) siguen estando caros en comparación con su media a largo plazo.
Los lectores habrán visto gráficos que relacionan la rentabilidad anualizada a diez años con el ratio precio-beneficios en el momento de la inversión inicial. La conclusión es clara: ambas variables mantienen una relación inversa. No obstante, gran parte de la elevada valoración que presentan los índices de renta variable estadounidense procede del sector tecnológico, y es posible construir carteras de renta variable que atenúen esa concentración.
Aun así, existe el riesgo de que el crecimiento de los beneficios a medio plazo no alcance las expectativas que reflejan los múltiplos actuales, lo que generaría una menor rentabilidad a nivel de índice.
Eso no quiere decir que los inversores no deban incorporar renta variable a sus carteras, pero la diversificación resulta esencial; los mercados no estadounidenses no resultan tan caros, y los gestores activos pueden evitar o minimizar la exposición a títulos que presenten unas valoraciones muy elevadas.
Las carteras con una exposición significativa a la renta variable deberían poder obtener unos resultados acordes con las necesidades de los inversores con mayor tolerancia al riesgo y mayores expectativas de rentabilidad. ¿Estamos en un buen punto de partida? Es mejor al que ha habido desde finales de febrero, y el sentimiento del mercado parece indicar que los inversores están dispuestos a invertir de nuevo en la clase de activo.
Los acontecimientos que se han producido en las últimas seis semanas han deteriorado las perspectivas de la economía mundial. Sin embargo, y al menos por el momento, las partes han logrado evitar el peor de los escenarios, por lo que, si la paz se mantiene, los niveles máximos que han alcanzado recientemente los mercados de renta variable, el sector tecnológico y la cotización de las compañías de software vuelven a presentarse como objetivos alcanzables.
La ampliación del liderazgo del mercado de renta variable estadounidense y el atractivo de la renta variable no estadounidense podrían volver a reafirmarse como temáticas de inversión. En un contexto de mayor incertidumbre, la diversificación dentro de la renta variable es aún más importante.
Y también lo es la diversificación entre las distintas clases de activos, así como la decisión sobre el nivel de tolerancia al riesgo de la cartera: desde la deuda pública, de bajo riesgo y baja rentabilidad, hasta el crédito de grado de inversión, de alto rendimiento y la deuda emergente, pasando por unos mercados de renta variable más volátiles, pero con mayor potencial de rentabilidad.
No se puede reprochar a los inversores que permanezcan a la espera. Pese a la aparente voluntad de Estados Unidos e Irán de alcanzar un acuerdo de paz, la incertidumbre sigue siendo elevada. Es evidente que ambas partes tienen ideas distintas de cómo debe ser el acuerdo final, lo que mantiene la inestabilidad de los mercados. Pero el crecimiento de la economía mundial volverá a imponerse y, a largo plazo, seguirá siendo posible obtener rentabilidad.
Datos de rendimiento/fuente de los datos: LSEG Workspace DataStream, ICE Data Services, Bloomberg, BNP Paribas AM, a 9 de abril de 2026, salvo indicación en contrario.
Las rentabilidades obtenidas en el pasado no constituyen indicación alguna de rentabilidades futuras.