¿Cómo reduce la inflación el gasto climático de EE. UU.?

La Ley de reducción de la inflación va a dedicar miles de millones de dólares a reforzar las infraestructuras de EE. UU., un impulso tardío pero bienvenido para hacer frente al cambio climático y a la inflación desbocada. ¡Lo que se dice matar dos pájaros de un tiro!

¿Cómo ayuda este plan de varios miles de millones a reducir la inflación a lo largo del tiempo?

Además de reducir los precios de los medicamentos y las primas de seguros sanitarios, el gasto se destinará a crear infraestructuras que, en última instancia, deberían tener un efecto deflacionista sobre los costes energéticos cotidianos y los gastos de las familias (véase el gráfico 1).

La Casa Blanca ha vendido el proyecto de ley dotado de 430.000 millones de dólares como una forma de abordar la inflación, que se sitúa en su nivel más alto desde hace una década, aunque no está claro (todavía) hasta qué punto podría sustituir a la necesidad de medidas por parte de la Reserva Federal para combatir la inflación en medio de un ciclo de subida de tipos.

En primer lugar, señalemos que gran parte de las infraestructuras estadounidenses se encuentran en un estado terrible. En efecto, el mayor uso de las energías limpias podría frustrarse sin una revisión de la infraestructura eléctrica, una labor que, según algunos expertos, requiere más de 2 billones de dólares. La red se está deteriorando por la falta de inversiones y la antigüedad, y su estado se pone de manifiesto los fallos que hemos visto durante fenómenos meteorológicos cada vez más frecuentes y graves.  

Las facturas de los hogares se benefician

¿Pero qué hay de los beneficios en términos de costes? Basta con pensar en los costes de un vehículo eléctrico frente a los de un coche de gasolina actualmente (con la gasolina a algo más de 4 dólares el galón, un 27% más que hace un año). Consideren también los incentivos para comprar un vehículo eléctrico nuevo o usado, lo que deja dinero para otros gastos.

Los paneles solares en los tejados permiten ahorrar considerablemente en la factura de la luz, en comparación con las tarifas que cobran las compañías de suministros públicos (que han subido algo más del 10% con respecto a los niveles de 2021 [1]).

Creemos que la electrificación y el aprovechamiento de las energías renovables, como la solar y la eólica, van a reducir los costes en el futuro. La mayor escala permitirá que estos costes sigan reduciéndose, lo que no ocurre con los combustibles fósiles.

O con la energía nuclear. Aunque la energía nuclear puede considerarse «baja en carbono» ―emite cuatro veces menos CO2 que la energía solar, dos veces menos que la hidroeléctrica y la misma cantidad que la eólica―, es una fuente no renovable (aunque el uranio puede reciclarse).

Los consiguiente cambios del cambio climático

Además, no hay que ignorar los costes relacionados. Aunque es cierto que el funcionamiento de una central nuclear tiene un coste marginal (por no hablar del desembolso inicial de capital), es imposible ignorar los costes de desmantelamiento y de los desastres. El coste de la limpieza de Fukushima en Japón se estimó en más de 180.000 millones de dólares.  

Los costes evitables también pueden ser el dinero necesario ahora para hacer frente a los efectos del cambio climático, como inundaciones, sequías, incendios forestales y huracanes. Los desastres naturales supusieron un coste para EE. UU. de 300.000 millones de dólares en 2021. La Casa Blanca calcula que esta cifra podría aumentar hasta los 2 billones de dólares anuales para el año 2100.  

Si no se toman medidas, parece que el calentamiento global nos va a costar caro. Dado que el cambio climático agrava el impacto de los desastres naturales relacionados con la meteorología, puede provocar fuertes pérdidas de ingresos y productividad a lo largo del tiempo. La subida del nivel del mar se llevaría tierras que podrían haberse utilizado de forma productiva, mientras que el estrés térmico podría provocar la pérdida de cosechas.

Un estudio de la UCL predice que, de aquí a 2100, el PIB mundial podría ser un 37% inferior de lo que correspondería sin los efectos del calentamiento global. Las economías de Asia serían las más perjudicadas. China se enfrenta al riesgo de perder casi el 24% de su PIB en un escenario grave, mientras que la mayor economía del mundo, EE. UU., podría perder cerca del 10% y Europa casi el 11%.  

Por último, por lo que respecta al coste de no hacer nada, están los aspectos sanitarios del aumento de las temperaturas, la contaminación del aire, el agua y la tierra, y otros efectos del cambio climático. El NRDC calcula que los costes sanitarios anuales relacionados con el cambio climático y el uso de combustibles fósiles ascienden a más de 820.000 millones de dólares al año en EE. UU. Pensemos en lo que podría suponer para las condiciones de vida liberar parte de ese dinero.

Mucho antes de que las temperaturas medias suban considerablemente, es probable que aumente la gravedad y la frecuencia de los fenómenos excepcionales. Este vera no, Inglaterra, tradicionalmente lluviosa, ha sufrido temperaturas de 40 °C y una sequía.

No hay que ignorar los valores atípicos

La gente ignorará los fenómenos atípicos, pero estos están aumentando rápidamente y sus efectos se dejarán sentir mediante más incendios, olas de calor, sequías y presión sobre el suministro de alimentos, sin que tenga que pasar mucho tiempo. Cabe esperar que aumenten las muertes y los traslados de personas, lo que puede desencadenar conflictos. 

Con razón, por tanto, que la Ley de reducción de la inflación de EE. UU. pueda considerarse un punto de inflexión. EE. UU. es el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo y esta ley llega en un momento en el que la seguridad energética es un tema más candente que hace años y en el que la necesidad de acción climática no tiene límites.

La aprobación del proyecto de ley podría tener un efecto positivo en la acción global, al devolver a EE. UU. como socio internacional creíble en la lucha contra el cambio climático mientras el mundo se prepara para la COP27 de finales de este año.

Desde la perspectiva de los inversores, la noticia de EE. UU., junto con la reciente aprobación de un proyecto de ley en Australia para reducir las emisiones del país en un 43% con respecto a los niveles de 2005 de aquí al año 2030 y la aprobación por parte del gabinete de la India de la Contribución determinada a nivel nacional (NDC) actualizada, podría dar lugar a nuevas e importantes oportunidades de inversión en energías limpias no solo en EE. UU., sino también en otros países.

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Referencias

[1] Fuente: Estadísticas de BLS vistas en https://www.in2013dollars.com/Electricity/price-inflation/2021-to-2022?amount=100

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