La segunda temporada de presentación de datos trimestrales de beneficios no ha empezado demasiado bien. Las previsiones de resultados de Samsung Electronics, que apuntaban a que el crecimiento del beneficio operativo sería casi veinte veces superior al del mismo periodo del año anterior, provocaron una caída de casi el 12% en la cotización, ya que se situaron por debajo de las expectativas. Desde entonces, las estimaciones preliminares de consenso para los beneficios de 2026 se han revisado a la baja en un 8%.
Aquí puedes escuchar el artículo
La reacción del mercado pone de manifiesto hasta qué punto son elevadas las expectativas de los inversores, especialmente en el caso de las compañías de hardware tecnológico que se han visto favorecidas de manera desproporcionada por el enorme aumento de la inversión en tecnologías de inteligencia artificial.
No obstante, si nos atenemos a los resultados publicados, es probable que la temporada de beneficios sea muy buena. Además del impacto de la inversión en inteligencia artificial, los aranceles y la desregulación también han impulsado los beneficios de las compañías estadounidenses: se prevé que el índice S&P 500 registre este trimestre un crecimiento de los beneficios del 24% (véase el gráfico 1).
No es de extrañar que sean precisamente las compañías tecnológicas las que impulsen la mayor parte de este crecimiento, tal y como demuestra la previsión de aumento de los beneficios por acción en un 40% para el índice Nasdaq 100.

No obstante, también se observa un sólido crecimiento en el resto del mercado. Se espera que los beneficios de las compañías de valor aumenten un 15%. Aún más llamativo es el incremento del 50% que se anticipa para los beneficios de las compañías de pequeña capitalización, o small caps, si bien esta cifra se ve favorecida por el elevado peso que tienen en el índice las empresas con beneficios negativos. Resulta discutible hasta qué punto una pérdida inferior a la registrada un año antes puede considerarse «crecimiento» de los beneficios. Si se excluyen las compañías con beneficios negativos, la tasa de crecimiento del índice Russell 2000 desciende al 6%. Teniendo en cuenta la correlación entre el crecimiento de los beneficios por acción y la revalorización de las cotizaciones, que debería ser proporcional si las valoraciones se mantuvieran constantes, la tasa real de crecimiento de los beneficios del índice estaría en algún punto entre ambos extremos.
Los resultados también son favorables en otros mercados desarrollados, aun cuando las cifras registradas pueden parecen débiles si las comparamos con las tasas de crecimiento que muestran las compañías tecnológicas. Europa registra un crecimiento de los beneficios del 14%, una cifra muy favorable para la región, mientras que el crecimiento también se sitúa por encima del 10% en Japón.
No obstante, son los mercados emergentes los que encabezan la clasificación, ya que albergan a las compañías de hardware tecnológico que más se han beneficiado de esta tendencia. Se prevé que los beneficios aumenten un 66% en la región, aunque existe una gran diferencia entre los líderes tecnológicos y el resto del mercado.
Los beneficios de las compañías de hardware tecnológico de los mercados emergentes podrían aumentar más de un 250%; en Corea, se prevé que los beneficios se multipliquen casi por diez. Si excluimos al sector tecnológico, el crecimiento de los beneficios se sitúa en el 15%, una cifra mucho más moderada, pero aún sólida.
Corrección del sector tecnológico
Las expectativas son muy altas, así que no es de extrañar que los mercados reaccionen con dureza ante un resultado inferior al esperado.
El riesgo de que el sector tecnológico acabe decepcionando a los inversores es mayor, sencillamente, por la novedad y la magnitud del fenómeno de la inteligencia artificial, así como por la incertidumbre inherente sobre cómo evolucionará el sector y qué compañías saldrán beneficiadas o perjudicadas por esta tendencia.
No obstante, lo más importante es que la elevada volatilidad de estas previsiones no cambia lo que, en nuestra opinión, sigue siendo una trayectoria claramente positiva. La revisión a la baja de las previsiones de beneficios de Samsung Electronics para 2026 que hemos mencionado al principio solo redujo la estimación de la tasa de crecimiento para el conjunto del año del 590% al 535%.
Por otra parte, la corrección que ha registrado el sector del hardware tecnológico en los mercados emergentes debe situarse en el contexto de la extraordinaria revalorización a la que hemos asistido este año. En el máximo alcanzado por el índice el 22 de junio, los precios del sector tecnológico de la región acumulaban una subida del 120%, en un reflejo del aumento de los beneficios comentado anteriormente, y no de una expansión de las valoraciones. Incluso ahora, tras las correcciones, la subida acumulada en el año todavía ronda el 90% (véase el gráfico 2).

El resto del mercado ha subido, de forma moderada en el caso de las compañías no tecnológicas, que acumulan una subida del 1,1%, y algo más entre las compañías tecnológicas ajenas al segmento del hardware, lo que refleja un fenómeno que a veces se da en los mercados: lo que favorece a las compañías que proporcionan la infraestructura para la inteligencia artificial, puede perjudicar a las que la financian. Esta rentabilidad también cuestiona la idea de que el estallido de una posible burbuja de la inteligencia artificial podría provocar un desplome más generalizado de los mercados de renta variable.
Riesgo relacionado con Irán
En segundo plano persiste la preocupación por una posible reanudación de la guerra con Irán. El presidente estadounidense Donald Trump ha anunciado el fin de la tregua, aun cuando las negociaciones continúan. Muchos inversores deseaban dejar atrás el conflicto, pero los precios del petróleo han repuntado esta última semana.
La reacción ha sido más moderada que la que hubo en el mes de marzo: el Brent ha subido un 6%, frente al avance del 12% registrado tras el inicio de las hostilidades. Las subidas que registraron los precios del petróleo a lo largo del mes de marzo, mucho más pronunciadas, se produjeron por el cierre del estrecho de Ormuz, mientras que las subidas actuales, de menor magnitud, se están produciendo aun cuando el estrecho vuelve a estar prácticamente cerrado.
Algunos consideran que el mercado está infravalorando los riesgos, aunque también podría estar realizando una valoración más realista del posible impacto económico de una subida temporal de los precios del petróleo.
El repunte previo de los precios del petróleo parece haber tenido un impacto limitado a medio plazo sobre la inflación y el crecimiento en los mercados desarrollados. Las previsiones más pesimistas, que apuntaban a los precios regresarían de manera muy gradual a los niveles anteriores a la guerra debido a los daños sufridos por las infraestructuras del Golfo y a los retrasos en el tránsito de buques por el estrecho, han resultado exageradas.
Los analistas volvieron a hablar de un posible exceso de oferta el próximo año. La hipótesis implícita del mercado parece apuntar a que, aunque el estrecho vuelva a cerrarse, los precios del petróleo regresarán con bastante rapidez a los niveles de febrero una vez que reabra.
Fuente de los datos: FactSet, BNP Paribas Asset Management de 9 de julio de 2026, salvo indicación en contrario. Las rentabilidades obtenidas en el pasado no constituyen indicación alguna de rentabilidades futuras.