A algunos inversores les sorprendió la brusca caída que registraron los precios del petróleo hace unas semanas, después de que Donald Trump publicara una serie de mensajes en redes sociales, a veces contradictorios entre sí y muchos de ellos desmentidos posteriormente por las autoridades iraníes. Dicho escepticismo pareció justificado cuando los precios volvieron a subir un 20% al intensificarse de nuevo las tensiones.
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La caída inicial de los precios del petróleo fue bien recibida por los mercados de renta variable de todo el mundo, pero el repunte posterior pasó prácticamente desapercibido por el mercado estadounidense y los índices tecnológicos. Sin embargo, los índices de valor, como los de Europa, Japón y los mercados emergentes, excluido el sector tecnológico, sí experimentaron un retroceso.
El origen de esta divergencia es doble. El sector tecnológico sigue impulsando el crecimiento de los beneficios empresariales y las cotizaciones bursátiles. Las compañías tecnológicas de los mercados emergentes han repuntado un 24% desde el nivel mínimo registrado tras el inicio de la guerra, y acumulan ya una subida del 30% desde principios de año.
El mercado estadounidense también se ha visto favorecido por la renovada confianza de los inversores en el sector tecnológico, sobre todo ahora que las empresas de software han comenzado a repuntar tras la fuerte caída que registraron en febrero (China sigue mostrando un comportamiento más débil). No obstante, el repunte no se ha limitado al sector tecnológico, gracias a unos datos económicos positivos que contrastan con lo que hemos visto en Europa. Los últimos índices preliminares de gestión de compras del sector servicios muestran una aceleración del ritmo de expansión en Estados Unidos, mientras Alemania y Francia se han adentrado aún más en territorio de contracción.
Sorpresas positivas generalizadas
Tras las preocupantes cifras registradas a finales de 2025, el PIB estadounidense correspondiente al primer trimestre volvió a ofrecer un cierto respiro. La economía estadounidense creció a un ritmo del 2% (tasa anual con ajuste estacional), impulsada en gran medida por la inversión empresarial, que aportó 1,4 puntos porcentuales al total. Los sectores relacionados con la inteligencia artificial fueron los que más contribuyeron a dicho repunte, mientras que la inversión en la industria manufacturera no tecnológica continuó cayendo. La demanda de los consumidores siguió mostrando cierta debilidad, pero logró resistir, sobre todo teniendo en cuenta que la subida del precio de la gasolina amenazaba con debilitarla aún más.
Este contexto está dando lugar a una buena temporada de presentación de beneficios empresariales en Estados Unidos. Después de que más de la mitad de las compañías que componen el índice S&P 500 hayan comunicado ya sus cifras de beneficios, las ganancias por acción han aumentado casi un 20% frente al mismo trimestre del año anterior. El sector tecnológico ha ofrecido buenos resultados, pero el crecimiento se ha extendido también a todos los sectores: si excluimos a las compañías tecnológicas, la subida de los beneficios por acción sigue siendo del 18%. Esta amplitud sectorial se observa también en las cifras positivas que ofrecen los índices Russell Value y Russell 2000. Las sorpresas al alza en beneficios se sitúan muy por encima de la media, en el 10,5%, frente a un rango habitual del 3%-4%.

Si comparamos estas cifras con Europa, vemos que el crecimiento de los beneficios por acción se sitúa en un razonable 8,8%, pero casi la mitad de dicho crecimiento procede del sector energético (la contribución de este sector al crecimiento de la economía estadounidense es muy reducida). Las sorpresas al alza en los resultados y el crecimiento de los ingresos también fueron muy inferiores en la región.
Al margen de los resultados publicados, las previsiones en Estados Unidos también apuntan a unas sólidas cifras de beneficios. Por lo general, alrededor del 22% de las previsiones que ofrecen las empresas al publicar sus resultados son positivas. En los últimos tres meses, el porcentaje ha subido a casi el 30%, lo que apunta a que, pese a la incertidumbre a la que se enfrentan los equipos directivos de las empresas, se muestran relativamente optimistas sobre las perspectivas futuras.
La guerra de Irán sigue siendo la principal amenaza para una recuperación sostenida del mercado de renta variable, pero, al menos en Estados Unidos, la solidez subyacente de los datos económicos y, por tanto, las perspectivas de futuro crecimiento de los beneficios, siguen siendo favorables. Datos de rendimiento/fuente de los datos: Bloomberg, FactSet, BNP Paribas AM, de 30 de abril de 2026, salvo indicación en contrario). Las rentabilidades obtenidas en el pasado no constituyen indicación alguna de rentabilidades futuras.