Los precios del petróleo cayeron mucho más rápido de lo que esperaban los analistas tras el anuncio del memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán.
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Pese a los retrasos en la reanudación del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz y los daños sufridos por las infraestructuras en Oriente Próximo, los precios del petróleo se han vuelto a situar en los niveles que marcaban antes de la guerra, aunque no llegan a los mínimos que alcanzaron en el mes de enero. Cabe señalar que, en Europa, los precios del gas natural siguen siendo elevados (véase el gráfico 1).

Los mercados de renta variable han recibido con entusiasmo el alivio de las tensiones geopolíticas: los índices no tecnológicos, como el Russell Value o el MSCI Europe han subido entre el 2% y el 3% desde principios de junio.
Estos resultados contrastan con lo que ha ocurrido en el sector tecnológico de Estados Unidos y mercados emergentes, donde los índices han caído entre un 2% y un 4%. Dicha caída responde a la preocupación de los inversores por un posible exceso de euforia, especialmente en el mercado coreano, ya que las posiciones apalancadas en ETF orientadas a nuevas subidas apuntaban a un cierto sobrecalentamiento del mercado.
El índice Nasdaq también ha tenido que ajustarse al ligero aumento de las expectativas de tipos de interés que se ha registrado después de que la Reserva Federal mostrara un tono más restrictivo durante la rueda de prensa de mediados de junio.
Datos económicos
Los datos económicos siguen apuntando a una aceleración de la actividad en Estados Unidos, así como a una contracción o ralentización del crecimiento en Europa. El componente del sector servicios del índice estadounidense de gestión de compras se adentró aún más en territorio de expansión (por encima de 50), mientras que los correspondientes a las principales economías europeas se situaron muy por debajo.
El componente manufacturero del índice estadounidense marcó su nivel más alto en cuatro años (a pesar de los aranceles, o quizás gracias a ellos), mientras que las cifras correspondientes a Europa continental fueron más moderadas (véase el gráfico 2). Si tenemos en cuenta que el encarecimiento de la energía afectaría en mayor medida al sector manufacturero que al de los servicios, la debilidad de los datos de servicios en Europa resulta preocupante.

Sin embargo, no todos los datos son positivos en Estados Unidos. La revisión final del PIB estadounidense del primer trimestre elevó la cifra del 1,6% al 2,1%. La inversión empresarial impulsada por la inteligencia artificial mantiene su solidez, mientras que el efecto negativo de la exportación neta sobre el crecimiento es menor (gran parte del gasto de capital en inteligencia artificial va destinado a la importación de semiconductores, lo que deteriora la balanza comercial).
El dato preocupante fue la demanda de consumo, que se revisó a la baja desde un nivel ya reducido del 1% hasta el 0,4%. La media a largo plazo del índice de gastos en consumo personal en periodos sin recesión está en el 2%. Por tanto, los datos apuntan a una cierta pérdida de impulso del consumo estadounidense.
A modo de anticipo del índice de gastos en consumo personal para el segundo trimestre, el ritmo de crecimiento de las ventas minoristas estadounidenses se ha ralentizado aún más, aunque esta tendencia también se ha registrado en Europa (véase el gráfico 3).
La actividad empresarial mantiene su solidez, por lo que el consumo sigue siendo el principal foco de vulnerabilidad para los mercados estadounidenses de renta variable.

Fuente de los datos: FactSet, BNP Paribas Asset Management de 25 de junio de 2026, salvo indicación en contrario. Las rentabilidades obtenidas en el pasado no constituyen indicación alguna de rentabilidades futuras.