La calidad del aire que respiramos puede tener un gran impacto sobre nuestra salud. Alex Bernhardt analiza las causas de la contaminación atmosférica, impulsada por el cambio climático, y nos habla sobre cómo podemos abordar el problema.
El cambio climático afecta a nuestra salud de muchas formas. El aumento de las temperaturas medias se traduce en un mayor riesgo de olas de calor: en el momento de redactar este artículo, el noroeste de Estados Unidos está registrando temperaturas que podrían llegar a ser mortales. De hecho, la revista Lancet ha descrito el cambio climático como «la mayor amenaza sanitaria mundial del siglo XXI».
Junto al riesgo de temperaturas extremas, hay otro factor que está estrechamente relacionado con el cambio climático y que puede afectar a la salud de las personas: la contaminación atmosférica.
La contaminación del aire está relacionada con las causas que provocan el cambio climático, ya que la utilización de combustibles fósiles en las centrales eléctricas y los vehículos crea contaminantes atmosféricos locales como los óxidos de nitrógeno (NOx) y las partículas, además de los gases de efecto invernadero. Según un estudio reciente, las partículas finas (PM 2,5) procedentes de la combustión de combustibles fósiles provocaron un millón de muertes en todo el mundo en 2017; la mitad de ellas procedieron de la energía del carbón.
Un impacto desigual
Y lo que es más: la contaminación atmosférica tiene un impacto desigual. El nivel medio de contaminación atmosférica en las ciudades de todo el mundo es cuatro veces superior al recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero las ciudades más afectadas están todas en Pakistán, la India, Bangladesh y China. Es decir, en mercados en vías de desarrollo.
Según la OMS, la desigualdad en lo que se refiere a la contaminación del aire está aumentando. También ocurre en los países desarrollados, como en Estados Unidos, donde las comunidades con rentas más bajas suelen ser las más afectadas por la contaminación atmosférica que provocan las carreteras, las centrales de combustibles fósiles y la industria.
Pero la calidad del aire no solo se ve afectada por las causas que provocan el cambio climático: la contaminación atmosférica también está relacionada con los efectos del cambio climático, tal y como demuestra el aumento de los incendios forestales en muchas partes del mundo.
Incendios forestales más frecuentes
El humo de los incendios forestales supone el 80% de las PM 2,5 y, según los datos de ingresos hospitalarios del sur de California, se ha comprobado que es más perjudicial para el sistema respiratorio e inmunitario humano que otras fuentes de contaminación atmosférica.
Los incendios forestales están aumentando en número e intensidad en todo el mundo. Así ha ocurrido en la zona oeste de Estados Unidos, donde los incendios forestales graves se han multiplicado por ocho entre 1985 y 2017.
Ilustración 1: El «River Fire» de agosto de 2020 de Salinas, en el condado de Monterrey, llena el cielo de humo y llamas.

Fuente: Shutterstock
Aunque algunos factores como las prácticas de gestión forestal pueden influir en la frecuencia y la gravedad de los incendios, en torno al 55% del aumento de la sequedad de los combustibles que favorecen los incendios que se ha registrado desde 1979 en la zona oeste de Estados Unidos está relacionado con el cambio climático. Se prevé que entre 1984 y 2015 se ha quemado el doble de zona forestal de la que se habría quemado si no existiera el cambio climático (véase ilustración 1).
Estas tendencias van a continuar, ya que un cierto grado de cambio climático ya está asegurado, debido al desfase entre la respuesta de la temperatura al nivel actual de emisiones y el tiempo que tardará la sociedad en descarbonizarse.
¿Qué sectores se verán afectados?
El sector sanitario es uno de los sectores más obvios. La OMS calcula que en torno a siete millones de muertes al año están relacionadas con la contaminación atmosférica, y los incendios forestales aumentan los ingresos hospitalarios de personas de alto riesgo en las temporadas de incendios. Según el Instituto de Investigación Tecnológica de Michigan, en los momentos de máxima intensidad de las PM 2,5, las probabilidades de que una persona acuda a urgencias aumentan en torno al 50%. Además, cada vez hay más pruebas que relacionan la calidad del aire con otros problemas de salud, como la enfermedad de Parkinson, el Alzheimer, los abortos, el cáncer cerebral y la depresión en la edad adulta.
Las compañías aseguradoras de las zonas propensas a los incendios forestales deben prepararse para un mayor número de siniestros de salud (y de bienes) en los meses de verano. En California, la intensa temporada de incendios prevista para este año, junto con el fin de la moratoria que impedía a las aseguradoras cancelar las pólizas de los propietarios de viviendas, podría hacer que millones de personas perdieran la cobertura de sus viviendas en noviembre, lo que, a su vez, podría afectar a la capacidad de los bancos para conceder hipotecas a dichas viviendas.
La silvicultura y los cultivos agrícolas se verán claramente afectados por el fuego y el humo, tal y como ha ocurrido con la producción de vino en el Valle de Napa, y los cambios en la actividad de los incendios en todo el mundo tendrán un impacto en la biodiversidad. Puede producirse un efecto permanente en las cadenas de suministro y en el mercado de trabajo, ya que se verán afectadas la participación laboral y la productividad, sobre todo en los trabajos al aire libre.
Los generadores de energía con combustibles fósiles y los fabricantes de vehículos con motor de combustión interna también están sometidos a una presión cada vez mayor para descarbonizar y eliminar el impacto local de sus operaciones y productos.
¿Qué podemos hacer?
No cabe duda de que la lucha contra el cambio climático constituye una prioridad a escala mundial. La descarbonización mejora la calidad del aire y reduce el riesgo de futuros incendios forestales.
Además, un mundo dos grados más cálido tendrá patrones climáticos significativamente diferentes, por lo que se hace necesario adoptar más medidas a escala nacional destinadas a mejorar la resiliencia. Ciertas prácticas de gestión forestal, como las quemas controladas y el aclareo manual de los bosques, pueden reducir el riesgo de incendios forestales, aunque muchas de estas tácticas se han visto afectadas a lo largo de la historia por limitaciones normativas o presupuestarias.
También es posible abordar el problema de los incendios forestales mediante la inversión público-privada en programas de apoyo a la biodiversidad y el capital natural. Este ha sido el enfoque que se ha propuesto para el proyecto de resiliencia frente a los incendios de Paradise, en California, cuyo objetivo es crear una barrera natural verde alrededor de la ciudad de Paradise tras el devastador incendio Camp Fire de 2018.
Los problemas que presenta la financiación del cambio
La financiación de este tipo de adaptaciones puede resultar complicada, dadas las dificultades para monetizar las inversiones relacionadas. Los mecanismos de protección de riesgos para la comunidad, por ejemplo, no suelen producir flujos de ingresos asociados, a pesar de sus beneficios de reducción de riesgos.
Los bonos verdes, a pesar de su creciente popularidad, aún no se han convertido en una fuente importante de financiación: a principios de este año, solo unos 900 bonos verdes tenían un componente de resiliencia o adaptación al clima, por lo que aún representan una pequeña parte del total acumulado de más de 1 billón de dólares en bonos verdes emitidos desde 2007.
Es necesario explorar más la opción de los bonos verdes como medio de financiación de la adaptación, junto con mecanismos de financiación innovadores como los bonos de impacto medioambiental, los bonos de catástrofes y los bonos de resiliencia.
Diálogo con empresas y autoridades y énfasis en la innovación financiera
Además, las ayudas destinadas a la electrificación de las flotas de vehículos en todo el mundo deberían tener un gran impacto. Según algunos estudios, la sustitución del 25% de todos los coches con motor de combustión interna que circulan por las carreteras estadounidenses por vehículos eléctricos ahorraría 17.000 millones de dólares al año al evitar la contaminación atmosférica y los daños provocados por el cambio climático. La descarbonización de las redes de energía traería consigo mayores beneficios para la salud.
El diálogo con las empresas y las autoridades sobre estas cuestiones es fundamental, ya que la contaminación atmosférica provocada tanto por las causas como por los efectos del cambio climático no es solo una emergencia climática, sino también una emergencia de salud pública y de igualdad.
La innovación financiera y la colaboración público-privada permite a los inversores, y al resto de las partes, abordar este importante problema, que afecta tanto a la salud de las personas como a la salud del planeta.