La última ola de la pandemia está retrasando la vuelta a la (nueva) normalidad, ya que está favoreciendo la imposición de nuevas restricciones a la producción, la ralentización de la reanudación de los servicios, la compresión de los márgenes y el aumento de los precios. Aun así, el cambio hacia una política monetaria menos expansiva parece ya inevitable.
Los beneficios empresariales han seguido aumentando, lo que ha contribuido al repunte de los mercados de renta variable, aun cuando las valoraciones de algunos índices son elevadas y las previsiones de beneficios a corto plazo podrían ser excesivamente optimistas. Uno de los factores que podría favorecer a los mercados es que el aumento de los rendimientos de los bonos a largo plazo continuará produciéndose de forma ordenada.
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