Un estudio revela que las empresas estadounidenses eluden sus responsabilidades en materia de cambio climático

Este es el segundo de una serie de artículos periódicos sobre la investigación académica actual en materia de inversión sostenible. Los trabajos que se recogen en el presente artículo se presentaron en la última conferencia anual de GRASFI.


Trabajos académicos de interés

Global Research Alliance for Sustainable Finance and Investment es una alianza de colaboración entre universidades comprometidas con la producción de investigación interdisciplinaria de gran calidad y planes de estudio sobre finanzas e inversiones sostenibles. En esta serie recogemos algunos de los trabajos académicos más interesantes que se presentaron en la última conferencia de GRASFI, a los que incorporamos algunos aportes realizados por los profesionales de inversión de BNP Paribas Asset Management.   

Como inversor sostenible para un mundo en evolución, BNP Paribas Asset Management patrocina los esfuerzos de GRASFI por aportar rigor académico a los desafíos a los que se enfrentan las finanzas y las inversiones responsables. Dicho patrocinio permite a BNP Paribas Asset Management acceder a los principales trabajos de investigación académica en materia de finanzas e inversiones sostenibles, enriqueciendo con ello el debate sobre estas cuestiones. Nuestra intención es compartir estas reflexiones con nuestros clientes y con todo el sector. Visita el sitio web de la Conferencia de GRASFI.   


Tal y como se desprende de la investigación académica, las empresas estadounidenses eluden sus responsabilidades en materia de cuestiones medioambientales, sociales y de buen gobierno trasladando las emisiones de gases de efecto invernadero a la cadena de suministro.  

En el documento llamado «Outsourcing climate change» (Externalización del cambio climático), los autores [1] concluyen que los compromisos asumidos públicamente por las empresas para mejorar el medioambiente no son lo que parecen, ya que algunas compañías «reducen las emisiones de carbono en los mercados locales a costa de aumentar las emisiones en el extranjero».

Tras el análisis de 73.966 observaciones a nivel de empresa, país y año procedentes de 1.254 empresas estadounidenses y 178 países exportadores (después de fusionar dos bases de datos para el periodo 2006-2018), se constató que, en lugar de dirigirse hacia un nivel cero de emisiones netas, tal y como establece el Acuerdo de París, las empresas están aumentando sus emisiones de gases de efecto invernadero a medida que crecen.

Sin embargo, en lugar de comunicar una verdadera representación de sus emisiones, trasladan la responsabilidad hacia la cadena de suministro.

Externalización de la contaminación a la cadena de suministro

Los datos que ofrecen los autores señalan que las empresas mantienen una huella de carbono razonablemente estable a lo largo del tiempo (emisiones de alcance 1), pero van aumentando las emisiones indirectas a través de los proveedores (emisiones de alcance 3) para impulsar el crecimiento del negocio y las necesidades de producción. El aumento de las emisiones indirectas generadas por los proveedores, especialmente tras el Acuerdo de París, apunta a que la contaminación está siendo externalizada a la cadena de suministro, al tiempo que se están frenando las emisiones propias.

El trabajo utiliza como ejemplo a Procter & Gamble. El Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales señala que el compromiso adquirido por P&G de reducir a la mitad la contaminación de aquí a 2030 se aplica únicamente a las emisiones de alcance 1 y 2 [2].

El Consejo sostiene que, si la empresa incluyera en dicho compromiso todas sus emisiones, desde la producción de sus materias primas a la eliminación de sus productos, sus emisiones de carbono ascenderían a unos 215 millones de toneladas métricas de gases de efecto invernadero al año. Solo 4,3 millones corresponderían a emisiones de alcance 1 y 2, lo que apunta a que el objetivo de P&G se aplica solo al 2% de sus emisiones totales [3].

Si no contabilizan las emisiones de alcance 3 que se generan en sus cadenas de suministro, las empresas no están contabilizando todas las emisiones de gases de efecto invernadero atribuibles a sus productos.

Uso de los mercados emergentes como sumidero de emisiones

El documento denuncia que las empresas estadounidenses explotan a los países más pobres aprovechando una legislación más débil para descargar las emisiones de gases de efecto invernadero en el extranjero.

Los autores señalan: «Consideramos que a los países menos desarrollados les preocupa más su supervivencia económica que las cuestiones medioambientales, por lo que cuentan con una legislación más débil en materia de medioambiente y con una menor conciencia social con respecto a la protección medioambiental. Estos países supondrían una alternativa menos costosa para aquellas compañías que se enfrentan a una legislación más estricta y a una mayor presión social en Estados Unidos».

El estudio demuestra que, más que la normativa, el compromiso de las partes interesadas podría resultar más eficaz a la hora de impulsar un comportamiento medioambiental positivo y genuino.

El informe sostiene: «Nuestros resultados sugieren que las empresas externalizan sus emisiones en menor medida cuando tienen una mayor concentración de clientes del sector público y de clientes corporativos y accionistas institucionales comprometidos con el medioambiente. Los resultados corroboran la eficacia de estos mecanismos externos que están detrás de las políticas medioambientales de las empresas».

Por el contrario, y aunque parezca ilógico, el estudio señala que las empresas con claras credenciales ecológicas y con una buena reputación en la gestión de riesgos ESG se muestran inclinadas a externalizar las emisiones para mantener la ilusión de la credibilidad ecológica.

Los autores del estudio afirman: «Al mantener estos beneficios, las empresas con mejor calificación ESG y cuyos directivos muestran una mayor orientación a las cuestiones ESG se enfrentan a una mayor presión interna para conservar su reputación trasladando la producción más contaminante al extranjero a través de la cadena de suministro».

Los autores concluyen que la probabilidad de que una empresa invierta en actividades de reducción de la contaminación y su interés por desarrollar tecnologías verdes disminuyen a medida que crecen sus exportaciones de carbono.

Con la externalización de las emisiones las empresas pueden gestionar su propia huella de carbono de una forma más rápida y barata, ya que les permite adoptar un proceso de producción ajustado para reducir las emisiones directas a escala nacional y mejorar la rentabilidad.

Sin embargo, dicha externalización también está asociada a un mayor coste del capital social y a un menor valor de la compañía. Estas empresas tienen un mayor riesgo de reputación (según los datos de RepRisk). Por lo tanto, los inversores pueden atribuir una prima de carbono al riesgo de externalización de estas empresas.

Lucha contra el blanqueo ecológico

Para hacer frente al blanqueo ecológico, los autores recomiendan «a los inversores y consumidores con conciencia medioambiental que no se limiten a examinar las emisiones de alcance 1 de una empresa, sino todas las emisiones que producen sus actividades y productos, con el fin de poder evaluar mejor el grado de compromiso de la empresa con el medioambiente».

También reclaman a las autoridades la revisión de la legislación en materia de cambio climático y la mejora de la cooperación internacional. Señalan que un único país no puede resolver el problema climático, «aun cuando pueda lograr la neutralidad de carbono de su economía».

Y añaden: «Nuestros resultados exigen un compromiso internacional entre los responsables políticos y otras partes interesadas para apoyar medidas políticas rentables que mitiguen los riesgos climáticos globales y favorezcan las inversiones con bajas emisiones de carbono. Estos resultados podrían también ser útiles para que las naciones revisen sus planes de acción climática establecidos en virtud del Acuerdo de París sobre el Clima de 2015 y que reduzcan la distancia existente entre lo que han prometido y lo que se necesita».

Los autores tienen claro que, aunque los inversores y los gobiernos desempeñan un papel fundamental tanto en el fomento del comportamiento ecológico como en el control de la comunicación que ofrecen las empresas, son estas las que tienen que hacer lo correcto. «Son las empresas las que deben responsabilizarse de su huella climática».


El analista senior Thibaut Heurtebize de BNP Paribas Asset Management señala: «A medida que el sector de las finanzas sostenibles avanza en su objetivo hacia un nivel de cero emisiones netas, este estudio sirve como un importante recordatorio de la necesidad de mejorar la comunicación corporativa y los modelos de estimación centrados en las emisiones de carbono de alcance 3». 

References

[1] Rui Dai, Wharton Research Data Services (WRDS); Rui Duan, Universidad de York – Schulich School of Business;

Hao Liang, Universidad de Administración de Empresas de Singapur – Escuela de negocios Lee Kong Chian; Instituto Europeo de Gobierno Corporativo (ECGI); Lilian Ng, Escuela de negocios Schulich, Universidad de York; Instituto Europeo de Gobierno Corporativo (ECGI)  

[2] Véase P&G, You Can’t Outsource Sustainability on https://www.nrdc.org/experts/shelley-vinyard/pg-you-cant-outsource-sustainability  

[3] P&G afirma que, desde 2010, ha reducido las emisiones absolutas de alcance 1 y alcance 2 en todas sus operaciones mundiales en un 56% gracias a la eficiencia energética y a la renovación de las fuentes de energía; véase https://www.pginvestor.com/esg/environmental/climate/default.aspx 

Aviso legal

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