La interrupción de las cadenas de suministro, la reducción de las tasas de participación en el mercado laboral, los desajustes entre la oferta y la demanda. Estos son algunos de los principales factores que han provocado un cambio radical en las perspectivas de inflación estadounidense. Este cambio de régimen será un elemento fundamental en la configuración del entorno de inversión en 2022.
Este artículo forma parte de nuestra serie de conferencias sobre inversión en las que presentamos nuestras reflexiones sobre cuestiones importantes. Para esta serie nos basamos en el Simposio de Inversión anual, un destacado encuentro en el que los profesionales de la inversión de BNP Paribas Asset Management profundizan en las cuestiones que configuran el futuro. Este encuentro sirve también de marco para que ponentes expertos de gran nivel aporten nuevas ideas sobre los retos de nuestro tiempo, poniendo a prueba nuestras convicciones y haciendo que nos replanteemos nuestras ideas.
Las perspectivas de inflación en Estados Unidos y la idoneidad de la política monetaria estadounidense centraron nuestro Simposio de Inversión. El profesor Olivier Blanchard explicó por qué, en su opinión, se está produciendo un aumento de la inflación que exigirá a los responsables de la Reserva Federal estadounidense poner en marcha un endurecimiento de la política monetaria más rápido y más acusado.
En el presente artículo, repasamos los acontecimientos vividos hasta la fecha, antes de ofrecer unas perspectivas basadas en las previsiones de nuestro equipo de renta fija.
Otoño de 2021: la inflación estadounidense se dispara
La inflación estadounidense, según el índice de precios al consumo (IPC), alcanzó en octubre un sorprendente 6,2%, su nivel más alto en treinta años. El indicador de inflación preferido de la Reserva Federal, el índice de gastos en consumo personal (PEC, por sus siglas en inglés), subió un 4,1% con respecto a la cifra registrada un año antes.
Los datos de noviembre mostraron que el IPC subió un 6,8 % en términos interanuales, registrando así el ritmo anual más rápido desde 1982 y un notable repunte desde el mes de octubre (véase gráfico 1).

Entre octubre y noviembre, los precios subieron un 0,8 %, ligeramente por debajo del aumento intermensual anterior, que fue del 0,9 %.
Según la Oficina de Estadísticas del Mercado Laboral de Estados Unidos, «la subida generalizada de la mayoría de los componentes del índice» impulsó el aumento de los precios; entre los que contribuyeron en mayor medida a dicho aumento destacaron la gasolina, la vivienda, los alimentos y los vehículos nuevos y de segunda mano. Si excluimos los precios más volátiles de algunos componentes como los alimentos y la energía, la inflación subyacente subió un 0,5 % desde octubre, lo que impulsó el ritmo anual de incremento del 4,6% registrado en octubre al 4,9%.
Los factores que impulsan la inflación al alza
Ante la solidez de la demanda, las empresas estadounidenses habían ido aumentando los precios de los servicios y los bienes de consumo, mientras que los cuellos de botella de las cadenas de suministro y la escasez de trabajadores cualificados impulsaron los precios al alza.
En nuestra opinión, la inflación estadounidense se ha visto fundamentalmente impulsada por la respuesta al COVID-19. Durante la pandemia, se ha producido un enorme ajuste de la demanda, desde los servicios presenciales de consumo hacia los bienes. El aumento del gasto en bienes duraderos, como los automóviles, los electrodomésticos y los ordenadores, fue particularmente acusado. Según Statista, más del 75% de los estadounidenses hicieron al menos una mejora en su hogar durante los tres primeros meses de la pandemia.
Dicha demanda se ha enfrentado a problemas en las cadenas de suministro en diversas partes del mundo, lo que ha provocado una escasez generalizada de productos y una importante presión al alza sobre los precios de los bienes y los materiales, desde los chips de los ordenadores al caucho, y desde el carbón a los medicamentos. Las tarifas de flete también han aumentado en todo el mundo como resultado del incremento de la demanda, los brotes de COVID en los puertos y el bloqueo del Canal de Suez.
Continúa la escasez de mano de obra
Al mismo tiempo, la pandemia ha provocado una gran inestabilidad en los mercados laborales, y los estadounidenses, en concreto, se han mostrado reacios a volver a sus puestos de trabajo.
Junto a la preocupación por el riesgo de contagio, las generosas prestaciones por desempleo que ayudaron a respaldar la economía durante la crisis han favorecido que los trabajadores se quedaran en casa, al igual que el exceso del nivel de ahorro que los hogares han acumulado durante la pandemia.
Presión sobre los responsables políticos estadounidenses
El aumento de la inflación registrado en el último trimestre de 2021 dio lugar a una mala situación económica caracterizada por la debilidad del crecimiento y el aumento de los precios.
En la primera intervención que Jerome Powell realizó ante el Senado estadounidense tras su reelección en el cargo de presidente de la Reserva Federal, el 30 de noviembre de 2021, hizo hincapié en el daño que la inflación provoca en el poder adquisitivo de los hogares. El nuevo vicepresidente de la entidad, Lael Brainard, se hizo también eco de este mensaje.
Cambio de rumbo de la Reserva Federal
Ante la continua presión alcista sobre los precios que se registró en los últimos meses de 2021, la Reserva Federal comenzó a sentirse claramente incómoda con la orientación extremadamente expansiva de su política.
En la reunión celebrada a principios de noviembre por el Comité de Mercado Abierto, la entidad tomó la primera medida hacia el endurecimiento de su política, al reducir sus compras de activos en 15.000 millones de dólares mensuales. El 31 de noviembre de 2021, Powell señaló que la reducción en el ritmo de compras mensuales de bonos podría avanzar con mayor rapidez de la anunciada a principios de noviembre.
Hasta ese momento, los miembros de la Reserva Federal habían sostenido que la inflación tendría carácter «transitorio», es decir, que no dejaría una huella duradera en la economía. El término en cuestión aparecía en la declaración ofrecida tras la reunión celebrada a principios de noviembre, pero a finales de mes el presidente de la Reserva Federal señaló que probablemente no resultara útil volver a utilizarlo:
«El término “transitorio” tiene significados diferentes según las personas. Para muchos se refiere a algo de poca duración. Nosotros tendemos a utilizarlo para referirnos a que no dejará una huella permanente en forma de mayor inflación. Creo que puede ser un buen momento para dejar de usar este término y tratar de explicar con mayor claridad lo que queremos decir».
La Reserva Federal comunica de forma gradual su cambio de postura a los inversores
El Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal se reunió por última vez para analizar la política monetaria el pasado 15 de diciembre, y ofreció lo que los mercados financieros interpretaron como una serie de medidas favorables.
Sin embargo, la publicación de las actas de dicha reunión el 5 de enero cambió la percepción de los mercados sobre la postura de la Reserva Federal.
Según nuestro equipo de renta fija, dichas actas ponen de manifiesto el hecho de que la mayoría de los miembros del comité están de acuerdo en reducir el balance de la Reserva Federal poco después de comenzar a subir los tipos de interés.
Al mercado le sorprendió saber que «casi todos» los miembros del Comité de Mercado Abierto pensaban que la Reserva Federal debería reducir el tamaño de su balance (es decir, comenzar a vender los bonos adquiridos durante el proceso de expansión cuantitativa) una vez que hubiera comenzado a subir los tipos.
En términos generales, pensamos que estas actas apuntan a un cambio de postura de la entidad. El hecho de que Powell no aludiera a la reducción del balance de forma simultánea a las subidas de tipos durante el turno de preguntas celebrado tras la reunión de diciembre parece indicar que la Reserva Federal trata de informar a los inversores sobre dicho cambio de postura de forma gradual.
Los mercados reaccionaron ampliando aún más sus expectativas de próximas subidas de tipos de interés en Estados Unidos (véase gráfico 2).

¿Carácter transitorio o cambio de régimen?
Uno de los mayores interrogantes a los que habrán de enfrentarse los inversores en 2022 es si el régimen de baja inflación que estaba vigente desde la crisis financiera mundial de 2008-2009 ya ha terminado. Durante este periodo se han dado una serie de factores que han mantenido la inflación estadounidense en niveles inusualmente reducidos, entre los que se incluyen los siguientes:
- Deuda: los elevados niveles de deuda han desincentivado el consumo del sector privado.
- Demografía: el envejecimiento de la población ha favorecido la reducción del consumo y el aumento del ahorro.
- Globalización: la deslocalización permitió que las cadenas de suministro más baratas sustituyeran a la mano de obra y la producción locales, que eran más caras.
- Tecnología: la automatización sustituyó la mano de obra por capital. El auge de las empresas «superestrella» suprimió el poder de negociación de la mano de obra.
En la actualidad, hay indicios de un cambio de régimen, derivado, en parte, de la pandemia, que ha acelerado tendencias que ya estaban en marcha. Entre los factores catalizadores destacan los siguientes:
- Demografía: el descenso de la edad de la población activa está reduciendo la oferta de mano de obra (la generación del baby boom ha llegado a la edad de jubilación), mientras que aumenta la demanda de servicios por parte de los grupos de más edad.
- Proteccionismo: el auge del populismo ha provocado un aumento del proteccionismo; el enfoque de las cadenas de suministro comienza a trasladarse desde la eficiencia a la capacidad de resistencia y la fiabilidad, lo que favorece la deslocalización.
- Política: hay una presión política cada vez mayor para abordar la desigualdad de rentas y riqueza, probablemente a través de políticas fiscales redistributivas y aumentos salariales.
- Impuesto inflacionario sobre la deuda: las elevadas cargas de deuda pública incentivan una mayor inflación y la represión financiera.
- Dominio fiscal: los bancos centrales podrían tener que aceptar déficits fiscales para cumplir sus objetivos de pleno empleo.
- Transición verde: la urgencia por aumentar la producción de energías renovables con una capacidad limitada de almacenamiento y la ausencia de inversión en la energía tradicional podrían provocar el aumento y la inestabilidad de los precios de la energía.
Síganos para conocer la evolución de la situación en 2022.