El índice S&P 500 cerró septiembre con una caída del 4,8%, su primer mes a la baja desde enero y la mayor caída desde marzo de 2020. Vincent Nichols, especialista en inversión en renta variable estadounidense, repasa los últimos acontecimientos y nos habla sobre las perspectivas del mercado estadounidense.
Aquí puedes leer el artículo o escuchar nuestro pódcast con el especialista en inversión Vincent Nichols sobre la renta variable estadounidense.
¿Qué es lo que ha provocado el cambio de tendencia en el mercado de renta variable estadounidense?
El índice S&P 500 acabó en septiembre con la racha alcista que se prolongaba ya durante siete meses. Al pensar en una explicación, lo primero que nos viene a la mente, y probablemente la respuesta más habitual u obvia para los datos decepcionantes que se han registrado tanto en el contexto macroeconómico como a nivel de empresa, es la rápida propagación de la variante delta del COVID-19. Ahora es cuando empezamos a ver un cambio de tendencia en los mercados, justo cuando empieza también a mejorar la situación del COVID. Hay muchas variables en juego, algunas quizás interrelacionadas con el repunte del virus.
El PIB estadounidense parece haber alcanzado su pico y podría desacelerarse con más rapidez de la esperada. Muchos economistas han recortado drásticamente sus previsiones de crecimiento para el tercer trimestre, algo que podría estar en parte relacionado con el hecho de que los consumidores se muestren más reacios a salir de casa y gastar su dinero en diversas actividades de ocio. Muchos de los bienes duraderos en los que los consumidores estadounidenses preferirían gastar su dinero se enfrentan a problemas de suministro.
La buena noticia es que los consumidores siguen deseando gastar más, y tienen capacidad para ello, pero las circunstancias actuales están retrasando un poco dicho gasto. Si se demuestra que este ha sido el principal desencadenante de la reciente debilidad del mercado, estaríamos ante otra gran oportunidad para que los inversores optaran por aprovechar esta caída para comprar a buen precio.
La fiesta se acerca a su fin
Otra de las variables, más preocupante, es la posibilidad de que nos encontremos en los últimos momentos del ciclo de estímulos monetarios y fiscales. La fiesta se acaba, y se avecina una etapa de sobriedad tras los excesos.
Es probable que la Reserva Federal de Estados Unidos comience a reducir sus compras de activos antes de final de año. Aunque la entidad continuará comprando un importante volumen de títulos, los inversores más prudentes comenzarán a descontar las expectativas futuras, y se darán cuenta de que la Reserva Federal se dirige hacia el endurecimiento de sus políticas.
Un recorte salarial para muchos estadounidenses
Las prestaciones de emergencia por desempleo aprobadas en Estados Unidos a causa de la pandemia finalizaron en septiembre, por lo que en torno a siete millones de estadounidenses acaban de experimentar lo que equivale a un importante recorte salarial. En última instancia, este recorte podría resultar favorable desde el punto de vista empresarial, ya que debería aliviar los desajustes entre la oferta y la demanda que se registran en el mercado laboral, lo que, a su vez, aliviaría la presión alcista sobre los salarios, especialmente entre los trabajadores menos cualificados. No obstante, esta situación parece estar teniendo un impacto negativo sobre el sentimiento de mercado.
No cabe duda de que el repunte de la variante delta ha tenido un impacto directo sobre el empleo. El crecimiento del empleo en Estados Unidos registró en agosto unos datos decepcionantes, especialmente en los sectores más sensibles al COVID. Las solicitudes iniciales de subsidios por desempleo también se han disparado en las últimas semanas.
Los problemas en las cadenas de suministro y su impacto sobre la inflación
El aumento de las presiones inflacionistas también influye en el comportamiento del mercado. A nivel mayorista, la inflación subió un 8,3% en agosto en términos interanuales, lo que supone la mayor subida en un año desde que el Ministerio de Trabajo de Estados Unidos comenzó a calcular la cifra interanual en 2010.
Los cuellos de botella de las cadenas de suministro y la escasez de trabajadores han impulsado los precios al alza. Los fuertes aumentos de los costes de producción y las subidas salariales acabarán afectando a los beneficios empresariales, al menos a corto plazo.
La prolongación en el tiempo de un entorno como el actual podría favorecer a aquellas empresas que cuentan con capacidad de fijación de precios y modelos de negocio sólidos, así como con un nivel reducido, o al menos estable, de costes variables.
Las subidas de precios de muchas materias primas deberían ir remitiendo a medida que vayan también solucionándose los problemas relacionados con la pandemia. Lo hemos visto en meses anteriores con los precios de la madera, y lo estamos viendo ahora, aunque de forma menos volátil, con los del mineral de hierro y el acero.
El aumento de los costes y de las presiones sobre los márgenes es una cosa, pero la incapacidad para suministrar los productos y servicios que demandan los consumidores es otro de los problemas relacionados con la situación actual. Dicha incapacidad está ya afectando al nivel de ingresos de muchas empresas, ya se trate de bienes duraderos o servicios de consumo, pero lo más probable es que tenga carácter temporal.
La mayor preocupación podría estar en el frente salarial, donde el aumento de los costes podría prolongarse más. El fin de las prestaciones de emergencia por desempleo debería contribuir a ralentizar el ritmo de las subidas, pero no parece probable que se vaya a registrar un retroceso significativo, si es que lo hay. Las empresas que cuenten con una mayor proporción de trabajadores de menor cualificación podrían ser las más expuestas a la compresión de los márgenes.
Buena situación del consumo
El año pasado fue espectacular para el sector del consumo, especialmente con el repunte que registró el mercado tras el primer trimestre de 2020, por lo que no es de extrañar que el rendimiento esté siendo relativamente más modesto este año, dadas las circunstancias. Si la mayoría de estas cuestiones acaban por tener carácter transitorio, la palabra de moda en 2021 en el sector financiero, podríamos estar ante una buena oportunidad de inversión en el sector de consumo en un futuro próximo.
Por otro lado, y aun cuando las ayudas del gobierno disminuyan de forma notable, el nivel de ahorro de los consumidores sigue siendo bastante sólido. Y si la tercera ola de COVID continúa remitiendo en Estados Unidos, el mercado laboral también mejorará. Todo ello podría dar lugar a unas condiciones económicas más favorables y sostenibles, y el clima económico no dependería tanto de las medidas de estímulo del gobierno.
El problema está en el tiempo. ¿Qué significa realmente el término transitorio? Nos reconforta el hecho de que la inversión en empresas de calidad a precios razonables debería resultar rentable en la mayoría de los casos. Y, lo que es más importante, las empresas que están a la vanguardia de la innovación y que están transformando sus respectivos sectores y ganando cuota de mercado tienen la oportunidad de obtener buenos resultados en cualquier entorno de mercado. La pandemia no ha hecho sino acelerar muchas de estas tendencias, por lo que las estrategias de inversión que favorecen este tipo de inversiones a costa de otras que no están creciendo al mismo ritmo deberían verse favorecidas de una forma desproporcionada.
Perspectivas de las empresas estadounidenses de pequeña capitalización
Tras los sólidos resultados registrados el año pasado y principios de este año, tras anunciarse la puesta en marcha de las campañas de vacunación, las empresas estadounidenses de pequeña capitalización superaron al resto del mercado de renta variable estadounidense, aunque han cedido su liderazgo desde entonces. Las compañías estadounidenses de pequeña capitalización han avanzado mucho. Este tipo de empresas son más sensibles a las condiciones económicas, por lo que no se han visto especialmente favorecidas por el hecho de que las previsiones de crecimiento de la economía estadounidense durante el tercer trimestre hayan caído de forma notable, tras haber registrado, probablemente, su nivel máximo en el segundo trimestre del año.

No hay que olvidar que en los seis meses transcurridos entre el 24 de septiembre de 2020 y el 15 de marzo de 2021, el índice S&P 600 de empresas de pequeña capitalización subió un 69%, más del triple que el índice S&P 500 de compañías de gran capitalización. Posteriormente, sin embargo, las valoraciones de las empresas de pequeña capitalización cayeron, mientras que las cotizaciones de las grandes empresas mantuvieron un rápido ritmo de subida. El índice Russell 2000, un índice de referencia estándar para las compañías estadounidenses de pequeña capitalización, se ha visto este año superado de forma notable por el S&P 500. Desde el mes de julio, por ejemplo, el índice ha caído casi el 4%, frente a la ganancia también de casi el 4% del índice S&P 500.
Sin embargo, esta diferencia de rentabilidad no se corresponde con los fundamentales. Las previsiones de ganancias de las empresas estadounidenses de pequeña capitalización para 2021 han mejorado casi cada mes este año, y más rápidamente que las correspondientes a las compañías de gran capitalización. En mi opinión, esto hace que las valoraciones relativas resulten muy atractivas. Las empresas de pequeña capitalización cotizan con generosos descuentos con respecto a las de gran capitalización, mientras que, históricamente, suelen cotizar con una ligera prima.
Las empresas pequeñas tienen también otras ventajas. El índice S&P 500 tiene una presencia cada vez mayor de los sectores de tecnología de la información y servicios de comunicaciones, que, en conjunto, representan el 39% del índice. Sin embargo, estos sectores de alta tecnología representan únicamente el 16% del índice S&P 600 de pequeña capitalización. A largo plazo, los índices de empresas de pequeña capitalización tienen la ventaja de contar con un elevado grado de diversificación.