A la incertidumbre en torno al contexto macroeconómico y las perspectivas de política monetaria, se une la preocupación de los inversores por el nivel elevado de las valoraciones en los mercados según muchos indicadores. David Bouchoucha, director de nuestro equipo de deuda no cotizada y activos reales, nos habla sobre las características que convierten a la deuda no cotizada en una alternativa atractiva.
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La deuda no cotizada destaca en un entorno de incertidumbre
Históricamente, la deuda no cotizada ha ofrecido diversificación, flujos estables de rentas y una prima constante de rentabilidad sobre la deuda líquida y tradicional, con modestas caídas a largo plazo.
Vivimos tiempos de incertidumbre, así que creemos que tiene mucho sentido pensar en lo que sí tenemos claro. Lo que sabemos es que en un momento en el que las clases de activos tradicionales, o bien ofrecen un rendimiento casi nulo, como es el caso de la renta fija, o bien parecen reflejar su máximo potencial de ganancias y crecimiento (lo que en inglés se denomina «priced for perfection»), la búsqueda de rentabilidad continúa siendo el principal reto para los inversores.
En un entorno así, la deuda no cotizada ofrece una prima de liquidez atractiva en relación con los mercados cotizados. Además, la mayoría de los activos en los que invertimos ofrecen tipos de interés variable en lugar de fijo. Por lo tanto, como inversores estamos asumiendo el riesgo de crédito, y no el de tipo de interés. Los tipos de interés variable ofrecen protección frente a la subida de tipos.
Eso no quiere decir que nuestra clase de activo no tenga ningún riesgo. El entorno reflacionista actual nos lleva a prestar especial atención a los riesgos empresariales de las empresas que conforman nuestro universo de inversión. Así, estamos especialmente atentos a la exposición a los precios de las materias primas.
El proceso de inversión que aplicamos para seleccionar a las empresas en las que invertimos nos exige asegurarnos de que una empresa no mantiene una exposición excesiva a los mercados de materias primas en un entorno como el actual. Buscamos los segmentos que muestran una mayor capacidad de resistencia.
Innovación en deuda no cotizada
La pandemia de COVID-19 ha tenido un profundo impacto en muchas de las compañías que conforman nuestro universo de inversión, y para muchas tendrá consecuencias a largo plazo.
La innovación aparece en distintos niveles. Nuestro proceso de inversión no ha cambiado de forma sustancial. Seguimos prestando atención al riesgo al que se expone una empresa concreta y a la solidez de su balance.
La innovación entra en juego en otros ámbitos. Por ejemplo, cuando invertimos en préstamos, podemos invertir en distintas partes de la estructura de capital de una empresa. En el pasado, nos centrábamos en la financiación de la deuda senior, mientras que hoy en día nos fijamos más en la deuda subordinada a la hora de financiar una empresa o un proyecto de infraestructura.
Ello se debe a que cada vez vemos más operaciones en las que los proveedores de financiación ya no se dirigen al capital o a la deuda senior, sino a la deuda subordinada. En nuestra opinión, esta parte de la estructura del capital ofrece rendimientos atractivos con un nivel de riesgo que consideramos también atractivo en términos relativos para nuestros inversores.

El valor relativo es importante para nosotros. Cuando nos planteamos financiar una empresa o un proyecto de infraestructura concreto, una de las preguntas más importantes que nos hacemos es qué parte de la estructura del capital es más atractiva en términos de riesgo-rendimiento. Estamos desarrollando nuestras competencias de financiación de la deuda subordinada, ya que se trata de un segmento que está creciendo con rapidez y en el que vemos un gran valor relativo para los inversores en esta parte de la estructura de capital.
Integración de los criterios ESG en nuestros procesos
Desde la creación del equipo de deuda no cotizada y activos reales en 2017, la integración de los criterios medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG por sus siglas en inglés) ha constituido un elemento fundamental de nuestro proceso de inversión.
El Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR)[1] es un factor determinante, ya que obliga a las gestoras a estructurar su enfoque y a garantizar el cumplimiento de la normativa, cuyos criterios pasan a formar parte de las normas del folleto que rige un fondo, lo que significa que la normativa está respaldada por la fuerza del derecho contractual. Creemos que se trata de algo positivo, ya que garantiza que la gestora se adhiere al enfoque de inversión recogido en el folleto.
Pongamos un ejemplo concreto. Cuando gestionamos infraestructuras, empleamos un indicador concreto de un proveedor de servicios externo que calcula la contribución medioambiental neta de cada inversión, lo que nos permite comparar el perfil medioambiental de un proyecto particular con todas las posibilidades que ofrece el universo de inversión. Este indicador nos permite incluso comprobar si un proyecto concreto cumple con lo establecido en el Acuerdo de París en lo que se refiere a las emisiones de carbono.
Las disposiciones de la SFDR constituyen una etapa más en nuestro viaje, y servirán para mejorar y dar validez legal a nuestro compromiso con la inversión sostenible.
Exposiciones selectivas en bienes inmuebles comerciales
La actividad del mercado inmobiliario se vio muy afectada en 2020, aunque el valor capital resistió relativamente bien. Este mercado ofrece numerosas oportunidades. La profundidad que ofrecen los bienes inmuebles comerciales nos permite identificar activos con capacidad de resistencia y valoraciones atractivas.
Por ejemplo, los bienes inmuebles logísticos constituyen un sector de rápido crecimiento que ofrece oportunidades de valor a los inversores. Se trata de un sector sólido, en comparación con otros que se muestran más vulnerables a los cambios que ha traído consigo la pandemia. Los hoteles y los activos de comercio minorista se han visto especialmente afectados.
El sector de las oficinas de gama alta también se ha mostrado sólido. Estos espacios han registrado una revalorización de su precio, lo que se traduce en una mejora de la seguridad y el valor relativo de los activos.
El sector inmobiliario comercial refleja las características de la deuda no cotizada, en el sentido de que presenta riesgos, pero también ofrece oportunidades atractivas a los inversores experimentados que pueden identificar a los mejores emisores de deuda y mantener el riesgo de crédito en niveles asumibles. Nuestros equipos conocen los factores que afectan a cada subsector, lo que les permite identificar las oportunidades disponibles.
[1] Para más información, consulta el artículo Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenible (SFDR)