Semanal de inversiones – El covid en China y la inflación en Estados Unidos pueden afectar a la renta variable

En la semana del 11 de mayo, la renta variable global cayó un 7,1% (índice MSCI World en términos de dólar), en un mercado que continúa viéndose afectado por los movimientos erráticos y un entorno de aversión al riesgo, ante la preocupación por el crecimiento y las expectativas de fuertes subidas de tipos de interés en Estados Unidos. En nuestra opinión, las decisiones de asignación de activos deberían ser reactivas y fluidas en un contexto que podría apuntar a un cambio de régimen de mercado.  

Algunas certezas, muchas incógnitas

Es fácil tener una visión pesimista, ya que los tipos de interés estadounidenses podrían subir con rapidez e impulsar al país a la recesión. Por otro lado, las economías europeas se enfrentan a las consecuencias de una crisis geopolítica, en un momento en el que la producción mundial continúa viéndose afectada por los problemas de suministro que provocan las restricciones en China.

Algunos economistas ya han convertido a este contexto en su escenario central. No es el caso de nuestros equipos de análisis, pero no cabe duda de que somos conscientes de los riesgos y dificultades.

La Reserva Federal no quiere volver a ir por detrás de la curva

En la rueda de prensa que celebró el pasado 4 de mayo, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, prometió un «aterrizaje suave de la economía», al tiempo que reiteró que «sin estabilidad de precios, la economía no funciona para nadie, en realidad».

Si nos fijamos en los indicadores relacionados con la demanda nacional, la economía estadounidense sigue funcionando bastante bien. En lo que se refiere al mercado laboral, la creación neta de puestos de trabajo se situó en 428.000 en abril, superando ligeramente las expectativas del mercado y situando la cifra anual cerca de los 2,1 millones.

Sin embargo, también se produjo una notable caída en la tasa de participación en el mercado laboral, que pasó del 62,4% al 62,2%. Parece que hay ciertas «bajas» en la población activa total que continúan siendo difíciles de analizar, y las tasas de participación se han mantenido muy por debajo del nivel previo a la pandemia, que se situaba en el 63,4% en febrero de 2020. Aun así, la tasa de desempleo se mantuvo estable en el 3,6%, mientras parece que los aumentos salariales comienzan a estabilizarse.

En lo que se refiere a la inflación en Estados Unidos, las cifras más recientes no apuntan a la estabilidad: el índice de precios al consumo, excluidos los componentes más volátiles de los alimentos y la energía, subió un 0,6% entre marzo y abril, superando la previsión de consenso, que apuntaba a una subida del 0,3%. La inflación subyacente cayó ligeramente en términos interanuales, del 6,5% al 6,2%. Parte de esta inesperada aceleración intermensual se debió al aumento de las tarifas aéreas, pero el incremento del precio de los servicios en su conjunto también fue notable.

Aunque vemos ciertos indicios de inflexión en los próximos meses, es probable que la inflación estadounidense se mantenga en niveles elevados y afecte al poder adquisitivo de las familias.

En nuestra opinión, parece evidente que, frente a lo que se interpretó en un primer momento, la intención de Powell en sus declaraciones del 4 de mayo no era descartar subidas de tipos de 75 puntos básicos, sino simplemente indicar que dicha subida no era algo que se estuvieran «planteando de manera activa». El presidente de la Reserva Federal de Cleveland fue aún más claro al respecto: «Si no vemos una reducción de la inflación [en la segunda mitad del año], es probable que tengamos que acelerar [la subida de tipos de interés]».

Crucemos los dedos para que la Reserva Federal pueda lograr un aterrizaje suave o, al menos, para que la aceleración de su política para combatir la inflación no provoque un deterioro excesivo de la economía estadounidense.

El Banco Central Europeo se muestra más proclive al endurecimiento monetario

A finales de febrero, los analistas pensaban que el BCE retrasaría la normalización de su política monetaria ante la ralentización de la economía europea provocada por la crisis de los precios de la energía. Solo dos meses más tarde, las declaraciones de la entidad han hecho prever una futura subida de tipos de 75 puntos básicos de aquí a finales de 2022.

La presidenta del banco central, Christine Lagarde, que se había mantenido al margen del discurso de endurecimiento monetario, señaló el pasado 11 de mayo que el programa de compra de activos de la entidad finalizaría en junio y que la primera subida de tipos de interés se produciría solo «unas semanas» más tarde. Sus declaraciones confirmaron las expectativas del mercado, que apuntan a que el BCE subirá los tipos de interés en la reunión del próximo 21 de julio.

Parece que el banco central da por hecho que la ralentización de la economía no durará mucho, lo que le lleva a optar por combatir la inflación. El gobernador del Banque de France, miembro del consejo del BCE, ha señalado: «El BCE hará lo que tenga que hacer para situar la inflación en torno al 2% en los próximos dos años».

De hecho, los últimos datos económicos apuntan a una mejora, tras la debilidad mostrada por la economía de la eurozona durante la primera mitad de 2022, debida, fundamentalmente, a la caída del consumo privado en el primer trimestre del año, cuando las restricciones a causa del covid seguían en vigor.

El indicador de sentimiento económico de Alemania, que cayó con fuerza en marzo tras la invasión de Ucrania, se estabilizó en abril y mejoró ligeramente en mayo. El instituto de estadística francés, el INSEE, señaló que las «encuestas reflejan una creciente incertidumbre, pero también una cierta capacidad de resistencia de la confianza empresarial» en Francia. La autoridad prevé un ligero repunte del PIB francés en el segundo trimestre de 2022, en lugar de una contracción continuada.

En nuestra opinión, en el segundo semestre de 2022 podría producirse una aceleración tangible del crecimiento en la eurozona, ya que se mantienen los planes de inversión de las empresas y la solidez del mercado laboral.

Firme determinación 

En Estados Unidos y Europa, no deberíamos pasar por alto los riesgos a la baja para el crecimiento. Sin embargo, en lo que se refiere a los bancos centrales, no parece que vayan a desviarse de su determinación de normalizar sus políticas monetarias.

En este contexto, es probable que los mercados de renta fija mantengan un nivel elevado de volatilidad. Desde principios de mayo, el rendimiento de los títulos del Tesoro estadounidense a diez años se ha movido entre el 2,90% y casi el 3,15%, mientras que el de los bonos alemanes a diez años subió hasta acercarse al 1,15% antes de cerrar por debajo del 1,00% el 11 de mayo.

Seguimos pensando que la exposición corta a la duración está justificada, pero ajustaremos nuestras posiciones cuando consideremos que las fluctuaciones de precios, en cualquier dirección, resultan excesivas.

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