Perspectivas de la economía china: algunas reflexiones poco convencionales

Pese al aparente consenso del mercado sobre el crecimiento del PIB chino en 2022, existe menos claridad en torno al panorama de los próximos tres a cinco años.  Multitud de factores podrían frenar el crecimiento en 2022, desde el efecto de base elevada a partir de 2021, la ralentización del crecimiento de las exportaciones y nuevas reformas normativas, hasta la política de cero tolerancia al COVID-19, el control de las emisiones de carbono y el enfriamiento del mercado inmobiliario. También existe una falta de confianza que permita estimular la inversión privada, debido a la incertidumbre normativa.  


El contenido del presente artículo apareció en las Perspectivas de inversión 2022 de BNP Paribas Asset Management.


Evitar señales de política poco útiles

El ajuste de la política macroeconómica compensaría solo en parte estos factores. La tolerancia de Pekín a la ralentización del crecimiento parece haber aumentado, ya que considera que se trata del precio que hay que pagar por dar prioridad a la disminución de la deuda, la reducción de las emisiones de carbono y la puesta en marcha de nuevas reformas. 

De cara a 2022, parece que la gestión económica se centrará más en la resolución de problemas estructurales y en las tensiones de las cadenas de suministro, con especial atención a los cortes del suministro eléctrico, el encarecimiento de la energía y la inflación de los precios industriales

Teniendo en cuenta estos objetivos, es muy poco probable que el Banco Popular de China abra el grifo monetario, pues no querrá emitir señales de flexibilización de su política que puedan impulsar la inflación y frustrar los esfuerzos gubernamentales de reducción de la deuda y de fomento de la sostenibilidad.

Consideraciones estructurales en el debate sobre el crecimiento

La creencia generalizada mantiene que el crecimiento del PIB anual de China caerá al 4% o el 5% en los próximos tres a cinco años. No obstante, el mercado podría haber pasado por alto el impacto del retorno de la industrialización, así como de los cambios estructurales.

Las nuevas tácticas de reforma de Pekín han vuelto a otorgar al sector manufacturero el favor de las autoridades, sobre todo en lo que se refiere a la fabricación de alto valor añadido y a la producción de «tecnología dura» frente a la fabricación tradicional y a las inversiones en «tecnología blanda». La tecnología «dura» se refiere a la producción de hardware y componentes que permiten el desarrollo estratégico y de alta tecnología del país, mientras que la denominada tecnología «blanda» se refiere al desarrollo del comercio electrónico para satisfacer la demanda de consumo no estratégico.

El sector nacional chino inició un lento proceso de reequilibrio en 2005, que implicó la reducción de costes y la mejora de las infraestructuras para impulsar la industrialización hacia provincias pobres del interior de su territorio. La estrategia condujo a una división regional de la mano de obra: la región oriental pasó de la actividad manufacturera a las industrias de servicios de alto valor añadido, mientras que las regiones del interior, más baratas, se dedicaron a la fabricación de bajo valor añadido.

No obstante, el proceso de migración comenzó a dar marcha atrás en 2013 (véase gráfico 1), cuando el gobierno decidió que los servicios y el consumo debían convertirse en los principales motores de crecimiento económico. Esta decisión condujo a un aumento de la participación del sector terciario en el PIB a expensas del sector secundario. La tasa de crecimiento del PIB se ralentizó, lo que reflejó la política de Pekín, que abogaba por compensar dicha ralentización con una mayor calidad del crecimiento.

Lo más probable es que se reanude la migración industrial a las provincias del interior, especialmente de las industrias de alto valor añadido. Los esfuerzos del gobierno para lograr la neutralidad de carbono de aquí a 2060 abrirán nuevas áreas de crecimiento y oportunidades de inversión que permitan sustituir a los segmentos inviables.

Oportunidades de inversión en nuevos sectores

China necesita modernizar su red eléctrica y desarrollar sistemas de almacenamiento energético para mejorar la distribución y el suministro de energía. También debe reducir su consumo de combustibles fósiles utilizando más electricidad verde y lograr un cambio estructural de la industria pesada de alto consumo energético a segmentos de gran valor añadido para impulsar la eficiencia energética. 

Se calcula que las inversiones en nuevos sectores alcanzarán los 5 billones de renminbis (781.000 millones de dólares, en torno al 10% de la inversión total anual en activos fijos de China) en los próximos diez años [1].

La movilización de capital privado es crucial para respaldar la inversión en las áreas verdes. Junto al desarrollo de la tecnología dura, dicha movilización debería revitalizar el impulso de crecimiento del PIB chino y elevar la productividad del país a medio plazo.

El tiempo dirá cómo evolucionan estas tendencias, pero ya ofrecen elementos de reflexión que resultan útiles para evaluar las perspectivas de crecimiento de la economía china y, por tanto, para que los inversores puedan determinar el mejor modo de posicionar sus estrategias de cara a 2022.

[1]  «China’s new growth driver» (El nuevo factor impulsor del crecimiento de la economía china), HSBC Global Research. Decarbonisation can drive mainland China’s growth (La descarbonización puede impulsar el crecimiento de China continental) | Insights | HSBC 


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