Objetivo de cero emisiones netas: la visión del sector energético

Mientras continúan las deliberaciones en la conferencia internacional sobre el clima COP26, Thibaud Clisson analiza el escenario de cero emisiones netas de la Agencia Internacional de la Energía y se pregunta las consecuencias que podría tener para los inversores.  

Como ya hemos analizado en ocasiones anteriores, alcanzar un nivel de cero emisiones netas en torno a 2050 es fundamental para cumplir los objetivos establecidos en el Acuerdo de París sobre el cambio climático y limitar el aumento de la temperatura mundial a 1,5º C.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha presentado este año su versión de cómo sería un futuro con cero emisiones netas en 2050. La organización es bien conocida por la elaboración de escenarios que trazan el futuro de la energía y las emisiones, pero ha sido criticada por los inversores y otros interlocutores, que utilizan sus escenarios en el marco de su proceso de toma de decisiones, por no elaborar un escenario en línea con un calentamiento de 1,5º C.

Eso ha cambiado con la publicación del informe «Cero neto para 2050», que presenta medidas basadas en un escenario de cero emisiones netas. El informe tiene carácter normativo: está diseñado para alcanzar un nivel de emisiones que se ajuste a un calentamiento no superior a 1,5º C, ofreciendo al mismo tiempo acceso universal a la energía y reduciendo de forma notable la contaminación atmosférica en 2030.

¿Qué significa el informe para la inversión en el sector de la energía?

Dependencia de tecnologías que aún están en proceso de desarrollo

El informe adopta la conocida senda de la descarbonización, dando especial relevancia a la electrificación combinada con más energías renovables, y acudiendo al hidrógeno y al almacenamiento y captura de carbono en aquellos sectores en los que la descarbonización es más complicada. Básicamente, se trata de una versión ampliada del Escenario de Desarrollo Sostenible de la AIE.

Un aspecto que hay que tener en cuenta es que el 50% de la reducción de emisiones prevista para 2050 se atribuye a tecnologías que aún no existen, al menos no a cualquier escala. El almacenamiento y la captura de carbono, las baterías avanzadas y el hidrógeno verde, así como tecnologías de emisiones negativas como la captura directa de aire y la bioenergía y la captura y el almacenamiento de carbono, que hoy en día se encuentran en fase de demostración o prototipo, tendrán un gran peso en 2050. Para que el escenario previsto en el estudio llegue a hacerse realidad, estas tecnologías tendrán que ampliar su escala de forma significativa a partir de 2030.

Así, se tendrá que aumentar, por ejemplo, la inversión en conductos de CO2 y en infraestructuras de hidrógeno hasta los 40.000 millones de dólares anuales para 2030, frente a los 1.000 millones que se invierten en la actualidad. Además, las inversiones en energía limpia tendrán que multiplicarse por tres de aquí a 2030, hasta alcanzar los 5 billones de dólares. Según un análisis realizado de forma conjunta con el FMI, dicho incremento de la inversión sumará 0,4 puntos porcentuales anuales al crecimiento del PIB mundial. Con mucha diferencia, la mayor parte de la inversión mundial que contempla el escenario previsto por la AIE se destina a la electrificación y al sistema eléctrico. 

Una hoja de ruta hacia un calentamiento de 1,5º C

Además del desarrollo de nuevas tecnologías, la AIE enumera 400 objetivos que deben alcanzarse en los sectores de la energía, la construcción, el transporte y la industria. Las cifras son sorprendentes. De aquí a 2030, habrá que incorporar 630 GW de paneles solares y 390 GW de capacidad eólica al año, el triple de la capacidad solar y eólica instalada en 2020.

Además, en torno al 60% de los automóviles que se compren en 2030 tendrán que ser completamente eléctricos, frente al 4,6% actual. Para ello, se tendrán que construir 20 «megafábricas» de producción de baterías al año en los próximos diez años.

 
La venta de nuevas calderas de combustibles fósiles tendrá que desaparecer antes de 2025; la energía del carbón tendrá que eliminarse en las economías desarrolladas de aquí a 2030 y en todo el mundo para 2040 y, en ese mismo año, el 50% de los combustibles utilizados en el sector de la aviación deberán proceder de fuentes bajas en carbono. 

¿Cómo de realista es el informe?

Hay que reconocer que la AIE hace algunas suposiciones ciertamente arriesgadas en torno a la aceleración de la tecnología y el potencial de las tecnologías de captura de carbono y emisiones negativas. Por ejemplo, el escenario contempla que, para 2030, se equiparán con tecnología de almacenamiento y captura de carbono en torno a 10 instalaciones industriales al mes. En la actualidad, solo hay 27 instalaciones comerciales con esta tecnología en todo el mundo.

Las cifras relativas a la instalación de energía solar y eólica son considerables. Sin embargo, la capacidad solar y eólica se triplicó entre 2010 y 2020, por lo que no parece descartable que pueda volver a triplicarse entre 2020 y 2030. Sin embargo, la AIE no tiene en cuenta el impacto medioambiental relacionado con la extracción de las materias primas que se necesitan para desarrollar estas instalaciones de energías renovables. Debería ofrecerse una mayor información, supervisión y gestión para garantizar la aceptabilidad y la sostenibilidad de dicha transición energética.

Cabe señalar que la AIE ha sido criticada por ser demasiado conservadora a la hora de calcular el ritmo al que podría reducirse el coste de las energías renovables y aumentar su uso, así como por las suposiciones que realiza el estudio en lo que se refiere al uso de la tierra y la bioenergía. La agencia señala que no habrá un uso adicional de las tierras de cultivo para los cultivos bioenergéticos, pero también considera que la producción de bioenergía aumentará un 25% y que utilizará un total de 410 millones de hectáreas en 2050, en parte para alimentar las plantas de bioenergía y de captura y almacenamiento de carbono. Hay un cierto escepticismo sobre la posibilidad de que pueda conseguirse solo con tierras marginales.

Las premisas del informe sobre el potencial de eficiencia energética son cruciales: la AIE prevé que en 2050 la economía duplicará en tamaño a la actual, pero usará un 8% menos de energía gracias a la fuerte inversión en la mejora del uso final de la energía (véase gráfico 1). Otra de las premisas que contempla el informe es que habrá un importante cambio de comportamiento de los ciudadanos, pero no detalla cómo se conseguirá.

¿Qué pueden hacer los inversores?

Dicho todo esto, a medida que los países de todo el mundo continúan retrasando la acción climática, la ventana de oportunidad para la descarbonización se va estrechando, lo que exige medidas más audaces para alcanzar el objetivo de cero emisiones netas. Resulta complicado encontrar escenarios más realistas que el que plantea el informe de la AIE, aunque nosotros, junto a otros inversores, lo hemos intentado en el marco de la iniciativa «Respuesta Política Inevitable».

Es evidente que para alcanzar un nivel cero de emisiones netas en el sector de la energía se necesita invertir en electricidad y en la expansión de las energías renovables, así como en todos los recursos minerales asociados.

Habrá que apoyar a los gobiernos en sus proyectos de investigación y desarrollo para acelerar el desarrollo tecnológico. Es fundamental intensificar la acción política y aumentar su eficacia. En la edición de 2021 de las Perspectivas de la energía en el mundo, la AIE señala que hay una diferencia de 12 gigatones para 2030 entre los compromisos actuales de los gobiernos en relación con el objetivo de cero emisiones netas y el escenario previsto por la AIE.


Aviso legal

Algunos artículos pueden contener lenguaje técnico. Por esta razón, pueden no ser adecuados para lectores sin experiencia profesional en inversiones. Todos los pareceres expresados en el presente documento son los del autor en la fecha de su publicación, se basan en la información disponible y podrían sufrir cambios sin previo aviso. Los equipos individuales de gestión podrían tener opiniones diferentes y tomar otras decisiones de inversión para distintos clientes. El presente documento no constituye una recomendación de inversión. El valor de las inversiones y de las rentas que generan podría tanto bajar como subir, y es posible que el inversor no recupere su desembolso inicial. Las rentabilidades obtenidas en el pasado no son garantía de rentabilidades futuras. Es probable que la inversión en mercados emergentes o en sectores especializados o restringidos esté sujeta a una volatilidad superior a la media debido a un alto grado de concentración, a una mayor incertidumbre al haber menos información disponible, a una liquidez más baja o a una mayor sensibilidad a cambios en las condiciones sociales, políticas, económicas y de mercado. Algunos mercados emergentes ofrecen menos seguridad que la mayoría de los mercados desarrollados internacionales. Por este motivo, los servicios de ejecución de operaciones, liquidación y conservación en nombre de los fondos que invierten en emergentes podrían conllevar un mayor riesgo. Los activos privados son oportunidades de inversión no disponibles a través de mercados cotizados como por ejemplo las bolsas de valores de renta variable. Permiten a los inversores beneficiarse directamente a temas de inversión a largo plazo y pueden brindarles acceso a sectores especializados como infraestructura, inmobiliario, private equity y otros alternativos difícilmente disponibles a través de medios tradicionales. No obstante, los activos no cotizados requieren un examen minucioso, pues tienden a tener niveles elevados de inversión mínima y pueden ser complejos e ilíquidos.

Back to Top