Mercados: firmeza, vigor y volatilidad

Los mercados de renta variable empezaron 2022 con fuerza, pero la fueron perdiendo cuando comenzó a hacerse evidente que el endurecimiento de la política monetaria estadounidense se adelantaría como consecuencia de la persistente inflación, lo que provocó que muchos inversores buscaran un nuevo equilibrio e impulsó la volatilidad de los mercados.  

Los comentarios realizados por la Reserva Federal de Estados Unidos sobre el posible «endurecimiento cuantitativo» sorprendieron a los mercados financieros, ya que marcaron un punto de inflexión tras la abundante liquidez que han ofrecido en los últimos años tanto la Reserva Federal como otros bancos centrales.

La volatilidad implícita aumentó hasta alcanzar su nivel máximo desde finales de noviembre y principios de diciembre, ya que se hizo cada vez más evidente que ni los datos económicos, que podrían ofrecer resultados dispares en las próximas semanas, ni el riesgo relacionado con la pandemia, que parece estar disminuyendo, harían que la Reserva Federal se desviara de su hoja de ruta.

Ante la persistencia de una inflación superior al objetivo del 2% y la fuerte caída del desempleo, el Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal (FOMC, por sus siglas en inglés) señaló que el tipo de interés de los fondos federales aumentaría del 0% al 0,25% en la reunión de marzo de 2022, que podrían producirse nuevas subidas en cada una de las siete reuniones que el Comité celebrará este año y que dichas subidas podrían ser de hasta 50 puntos básicos.

Con esta actualización de las perspectivas sobre los tipos de interés, los economistas prevén entre seis y siete subidas de tipos este año en Estados Unidos. No obstante, la estimación del mercado del tipo al que se llegará al final del ciclo sigue siendo inferior a la previsión sobre los tipos a largo plazo de la Reserva Federal.

El aumento de los rendimientos de los bonos enmascara los sólidos fundamentales de la renta variable

Ante el cambio de expectativas en relación con la política monetaria, el rendimiento de los bonos subió, afectando también a la renta variable. Las empresas de crecimiento, que se están viendo superadas desde principios de año por las de valor, fueron las más afectadas. El aumento del rendimiento nominal de los títulos a diez años se vio acompañado por el aumento del rendimiento real, que subió del -1,08% registrado a finales de 2021 al -0,71% de finales de enero, tras llegar a registrar -0,60%, su nivel más alto desde marzo de 2021.

La renta variable, sin embargo, presenta unas razonables perspectivas de crecimiento, aun cuando los resultados recientes de algunas de las grandes empresas han resultado decepcionantes y han sido pocas las que han sorprendido al alza en comparación con los trimestres anteriores. No obstante, en términos generales, el crecimiento de los beneficios parece positivo.

Los responsables de algunas de estas empresas han optado por la prudencia en sus perspectivas, quizás por la incertidumbre que existe actualmente sobre la evolución de los márgenes.

Caída del sector tecnológico

La inquietud en torno a la política monetaria provocó la caída de los índices en gran parte del mundo. El índice MSCI AC World cayó un 5,0% en enero (en términos de dólar), registrando su nivel más bajo desde mayo de 2021. La renta variable emergente cayó algo menos, un 1,9%, respaldada por la subida de los precios de las materias primas.

El índice estadounidense S&P 500 cayó un 5,2%, registrando así su mayor caída mensual desde marzo de 2020. Las empresas con valoraciones elevadas y las compañías sensibles a los tipos de interés fueron las más afectadas. El índice compuesto Nasdaq ha caído casi el 15% desde el 27 de enero.

En la eurozona, el índice EURO STOXX 50 se vio favorecido por una composición sectorial más favorable y unas noticias económicas más positivas, con una caída de solo el 2,9%. En Japón, el índice Nikkei 225 cayó un 6,2%, ya que el aumento de las infecciones por la variante ómicron provocó la imposición de un nuevo estado de emergencia.

A escala mundial, el sector tecnológico también cayó con fuerza. Sin embargo, el sector de la energía superó al mercado en general gracias al aumento de los precios del petróleo. Los bancos también registraron buenos resultados. El aumento de la pendiente de la curva de tipos de la eurozona permitió a las entidades financieras europeas superar a las estadounidenses.

La evolución del mercado estadounidense impulsó a la baja a la deuda de la eurozona. El rendimiento del bono alemán a diez años subió del -0,18% registrado a finales de diciembre al 0%, un nivel que no veíamos desde abril de 2019.

El cambio de postura de la Reserva Federal, más proclive ahora al endurecimiento de su política monetaria, y las dudas en torno a la insistencia del BCE sobre el carácter «temporal» del aumento de la inflación en la eurozona impulsaron las expectativas del mercado de una subida de tipos de interés por parte del BCE. Sin embargo, el tramo corto de la curva europea subió en menor medida que la estadounidense.

El BCE ha anunciado que tomará todas las medidas que resulten necesarias para garantizar el cumplimiento a medio plazo de su objetivo de inflación del 2%, y podría optar por acelerar la reducción de su programa de compra de activos si lo considerara necesario para contrarrestar las presiones inflacionistas.

Este tipo de «endurecimiento cuantitativo» precederá a los posibles planteamientos de subidas de tipos. Este escenario difiere notablemente de la trayectoria más agresiva en la que parece haberse embarcado la Reserva Federal.

Reconstrucción selectiva

Tras la preocupación por las perspectivas del sector servicios, y del crecimiento en general, que se registraba a finales de 2021, ahora parece haber una mayor confianza en que la economía mundial crezca en 2022 por encima de su media a largo plazo, ya que las exitosas campañas de vacunación están llevando a los gobiernos de muchos mercados desarrollados a suavizar las restricciones provocadas por el covid.

Hay esperanzas de que la menor virulencia de la variante ómicron pueda ser el primer indicio de la endemización de la pandemia de COVID-19, lo que despejaría el camino para una reapertura a gran escala y para la recuperación de unas condiciones económicas más normales, Sin embargo, desde una perspectiva macroeconómica, lo que preocupa no es el crecimiento, sino la inflación.

Los débiles datos registrados recientemente por el índice de gestión de compras de China ponen de manifiesto el impacto económico de la dura estrategia que el país ha puesto en marcha frente al covid, lo que podría afectar a la actividad y agravar las presiones inflacionistas al prolongar los cuellos de botella de las cadenas de suministro.

Tras la volatilidad registrada en enero por los mercados financieros como consecuencia del aumento del rendimiento real en un contexto de valoraciones elevadas en muchos sectores e índices de renta variable, los indicadores de posicionamiento de los inversores mostraron prudencia y apuntaron a desequilibrios. Los factores técnicos del mercado apuntan ahora a un repunte continuado en febrero. Teniendo también en mente los riesgos geopolíticos, continuamos reconstruyendo nuestras carteras de forma muy selectiva.


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