En la Asamblea Popular Nacional de China (APN), que se celebró entre el 5 y el 11 de marzo, se anunció para este año un objetivo de crecimiento interanual del PIB del 5,5%. Aunque muchos agentes del mercado lo interpretaron como un objetivo demasiado agresivo, en nuestra opinión ofrece un mensaje tranquilizador.
En el transcurso de la asamblea se anunció también una política flexible de reducción de carbono, lo que viene a contradecir las expectativas de quienes pensaban que Pekín se estaba alejando de su compromiso de control climático, aunque, en nuestra opinión, se trataba de una reacción realista al complicado entorno macroeconómico y geopolítico actual.
Una decidida señal política…
La señal política de Pekín es evidente: está haciendo uso de todos los mecanismos fiscales y monetarios disponibles para proteger el crecimiento del PIB y la consecución del objetivo del 5,5%. Una flexibilización insuficiente de sus políticas pondría dicha consecución en riesgo. En lugar de considerar que se trata de un objetivo demasiado agresivo, lo vemos como una señal tranquilizadora que apunta a una mayor flexibilización para favorecer el crecimiento.
La APN anunció inversiones públicas en nuevos proyectos de infraestructuras en distintos ámbitos, entre los que se incluyen:
- Desarrollo de tecnología 5G e inteligencia artificial
- Centros de datos
- Energía renovable
- Centros logísticos y cadenas de suministro
- Desarrollo de trenes interurbanos y de cercanías en las principales ciudades
Este enfoque de inversión reivindica el reciente cambio que han experimentado las tácticas de reforma en el país, destinadas ahora a favorecer la «tecnología dura» (es decir, la producción de hardware y componentes que atienden al desarrollo estratégico y de alta tecnología del país) frente a la «tecnología blanda» (desarrollo del comercio electrónico que atiende a la demanda de consumo no estratégico). La idea es convertir a China en una potencia tecnológica a largo plazo1.
…para afrontar los problemas de crecimiento
No cabe duda de que el crecimiento chino se enfrenta a numerosos retos, ya que el país está reorientando su modelo económico para tratar de ajustarlo al nuevo desarrollo de un crecimiento de alto valor añadido y alta tecnología impulsado por la inversión, reduciendo al mismo tiempo el nivel de deuda y tratando de poner en marcha reformas estructurales. Es probable que este entorno genere incertidumbre entre los inversores.
El aumento de los precios de las materias primas, especialmente del petróleo, se suma a los problemas que afectan al crecimiento. En 2021, China importó unos 3.500 millones de barriles de petróleo crudo. El precio actual se sitúa en torno a 50 dólares el barril por encima de la media registrada el año pasado. Esto supondría una pérdida de aproximadamente el 1% del PIB solo en petróleo como consecuencia del impacto negativo de las relaciones de intercambio (cuando el aumento de los precios de las importaciones deteriora el poder adquisitivo nacional)2.
El cobre, el acero y el trigo son también productos de importación muy costosos para China, por lo que el impacto de las pérdidas totales de la relación de intercambio en el crecimiento del PIB podría ser considerable.
La crisis de energía podría afectar a la tendencia de crecimiento de la economía mundial, lo que, a su vez, tendría impacto en las exportaciones chinas. Todo ello afectará a la confianza de los inversores, junto al próximo endurecimiento de la política monetaria por parte de los bancos centrales. Por otro lado, a pesar de haberse logrado una cierta estabilización con el gobierno de Biden, las relaciones entre China y Estados Unidos continúan siendo tensas.
Por último, el sector inmobiliario chino, que representa en torno al 20-30% del PIB, ha caído con fuerza con respecto al año pasado. Algunos de los grandes promotores inmobiliarios han incurrido en impagos y la venta de viviendas ha caído en torno al 40% en los primeros dos meses de este año.
En estas circunstancias, un objetivo del 5,5% podría constituir una estrategia para impulsar las expectativas del mercado en relación con el crecimiento chino, algo que parece necesario, dado que las «expectativas de debilitamiento económico» fueron uno de los tres elementos que, según la Conferencia Central de Trabajo Económico del año pasado, ejercían presión a la baja sobre el crecimiento del PIB, junto a la reducción de la demanda y la interrupción del suministro. Los resultados económicos vienen impulsados, en parte, por las expectativas, por lo que Pekín espera que la reorientación de dichas expectativas hacia unas perspectivas favorables podría favorecer la inversión y el consumo.
Política ecológica
La APN no fijó ningún objetivo específico para el control de la energía en 2022 y excluyó las energías renovables de su cuota de consumo energético, lo que ha provocado que ciertos medios de comunicación se pregunten si China ha cambiado su compromiso con el pico de carbono y la reducción de la intensidad de carbono3. Creemos que no es así.
El hecho de no establecer objetivos energéticos muestra la flexibilidad de la política para gestionar la incertidumbre en torno al crecimiento en el actual entorno macroeconómico e internacional; no significa necesariamente que Pekín haya retirado su compromiso de reducción de las emisiones de carbono.
La rigidez de los objetivos del año pasado causó una importante interrupción del suministro de energía, ya que la producción económica (y, por tanto, la demanda de energía) se recuperó más rápido de lo previsto.
En nuestra opinión, China se mantiene firme en su compromiso de alcanzar su pico de carbono en 2030 y de lograr un nivel de cero emisiones netas para 2060, y pensamos que el país perseguirá estos objetivos de forma flexible4. Por ejemplo, China ha cambiado su política en materia de descarbonización, desde el enfoque previo de «descarbonización a la fuerza» al marco actual de «inversión antes de la reducción».
De cara al futuro, es probable que la campaña de reducción del carbono aumente la inversión en fuentes de energía alternativas antes de abandonar las fuentes de energía tradicionales, especialmente el carbón, para minimizar la posible escasez de energía. Debemos esperar una eliminación gradual de la energía tradicional, especialmente del carbón, junto con una fuerte inversión continua en nuevas fuentes de energía y redes eléctricas.
Referencias
1Véase «Chi on China: Endurecimiento normativo: cambio de política estratégica y perspectivas del sector privado en China», 15 de septiembre de 2021.
2 Según una reciente estimación del Instituto de Asia Oriental de la Universidad Nacional de Singapur, 7 de marzo de 2022.
3 «China Shuns Energy Use Target to Focus on Securing Fuel Supply», Bloomberg Green, Bloomberg, 5 de marzo de 2022.
4 Véase «Chi on China: When Structural Objectives Clash with Cyclical Forces», 7 de enero de 2022.
Aviso legal