La seguridad energética pone de manifiesto la necesidad de acelerar la descarbonización

Tal y como señala Thibaud Clisson, el rápido aumento de los precios de la energía y la inquietud en torno a la seguridad energética tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia hacen que la transición hacia un nivel de cero emisiones netas sea hoy más importante que nunca.

La transición energética, es decir, el paso a un sistema energético basado exclusivamente en fuentes con baja emisión de carbono, es una parte fundamental de la respuesta al cambio climático. Las emisiones relacionadas con la energía y las asociadas a la industria, el transporte y los edificios representan alrededor del 75% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, y estas han continuado aumentando año tras año.

Tal y como señaló recientemente la Agencia Internacional de la Energía, las emisiones de CO2 relacionadas con la energía aumentaron en 2021 hasta registrar un nivel sin precedentes de 36,3 gigatones debido a la rápida recuperación económica tras la pandemia.

Los últimos acontecimientos han situado la energía en un lugar destacado de las agendas políticas y empresariales. Los precios ya venían subiendo notablemente tras el repunte de la demanda que siguió a la crisis económica provocada por la pandemia de COVID-19. El conflicto entre Rusia y Ucrania, los efectos en los mercados de las sanciones impuestas a Moscú y las medidas que se han puesto en marcha para diversificar el suministro los han hecho subir aún más.

El precio del crudo Brent alcanzó los 125 dólares el barril a principios de marzo, y en el momento de redactar el presente documento se situaba en torno a los 115. Los precios de referencia del gas se han mostrado volátiles desde septiembre de 2021, con picos a principios de marzo que los hicieron subir más del 900% con respecto al nivel registrado hace un año.

Por otro lado, las tecnologías de energías renovables son cada vez más baratas, lo que pone de manifiesto su potencial como elemento de protección frente a la volatilidad de los mercados de combustibles fósiles. Se trata de otro argumento para acelerar la transición energética. De hecho, muchos gobiernos se plantean ahora adoptar este enfoque.

La reacción de los gobiernos

Alemania, que depende de Rusia para el 60% de sus necesidades de gas, ha actuado con rapidez. Mientras planea la construcción de dos terminales de gas natural licuado (GNL) para sustituir las importaciones de Rusia, también ha mostrado su intención de adelantar a 2035 su objetivo de generar el 100% de su electricidad a partir de energías renovables, cuando la fecha prevista anteriormente era «mucho antes de 2040».

Según los planes fijados, el país generaría el 80% de la electricidad a partir de la energía solar y eólica para 2030, lo que significa alcanzar 110 gigavatios de energía eólica terrestre, 30 gigavatios de energía eólica marina y triplicar la capacidad solar hasta 200 gigavatios para esa fecha.

La Comisión Europea expuso su plan de acción para reducir la dependencia, con el fin de adelantar la transición a un sistema energético limpio. Según el plan, podrían sustituirse 60.000 millones de metros cúbicos de gas ruso por una mayor diversificación de las importaciones y la compra de GNL a países como Estados Unidos y Catar para finales de año, mientras que los nuevos proyectos eólicos y solares pueden reemplazar 20.000 millones de metros cúbicos. 

La emblemática estrategia climática de la UE debería contribuir a reducir su dependencia a largo plazo de Rusia triplicando las capacidades solar y eólica hasta 420 gigavatios y 480 gigavatios para 2030, lo que proporcionaría una energía equivalente a 170.000 millones de metros cúbicos de gas natural. Se espera también que el biometano y el hidrógeno desempeñen un papel más importante. Además, la sustitución de las calderas de gas domésticas por bombas de calor podría ahorrar hasta 35.000 millones de metros cúbicos para el final de la década.  

El informe de la AIE también se centra en el potencial de ahorro de energía y de las energías renovables para frenar la dependencia de Rusia. La agencia publicó por separado un plan de 10 puntos para reducir el uso del petróleo, que incluye acelerar la adopción de vehículos eléctricos. También sugiere que podrían ahorrarse 10.000 millones de metros cúbicos pidiendo a los consumidores que bajen los termostatos de sus casas 1°C. 

El Reino Unido pretende eliminar de forma gradual las importaciones de petróleo ruso para 2023, y está previsto que adopte medidas aún más agresivas. Los Países Bajos están duplicando su capacidad eólica marina prevista para 2030. Francia está aumentando sus medidas de apoyo a la calefacción con energías renovables.

El conflicto ha contribuido a que algunos países vuelvan a considerar aceptable la energía nuclear. El gobierno holandés pretende construir dos centrales nucleares y Bélgica ha decidido retrasar 10 años el abandono de la energía nuclear. Alemania, sin embargo, no ha revisado sus planes de acabar con la energía nuclear, y Francia mantiene los planes anunciados ya en febrero de construir seis nuevos reactores.

En nuestra opinión, a la luz de estas reacciones, se puede afirmar que, desde el punto de vista de la inversión, las perspectivas de las energías renovables, las tecnologías de calefacción renovable y las soluciones de eficiencia energética han mejorado como consecuencia de los últimos acontecimientos.

Próximos retos

No obstante, la transición hacia un nivel de cero emisiones netas, así como la seguridad energética, no estará exenta de dificultades. Los objetivos son ambiciosos. El cambio del sistema energético hacia uno basado fundamentalmente en las energías renovables y la electrificación requerirá una inversión considerable, no solo en las propias tecnologías, sino también en la infraestructura de red que las respalda.

Este cambio incluye las tecnologías asociadas de almacenamiento de energía y de cambio de carga para ayudar a integrar una cantidad cada vez mayor de energía renovable variable en las redes europeas. De hecho, según algunos informes, la red europea puede acoger 50 millones de bombas de calor, y se presiona a Estados Unidos para que intensifique sus esfuerzos de suministro y ayude a reducir el apalancamiento energético de Rusia.

Dichos esfuerzos alejarían a Europa de sus planes de utilizar el gas natural como combustible puente en el camino hacia un nivel de cero emisiones netas. Sin embargo, el nivel de dependencia de Rusia varía de un país a otro: Letonia, la República Checa y Moldavia dependen al 100% de su gas natural. Antes de decidir el cese de las importaciones, hay que pensar detenidamente en cómo estos países pueden hacer esta transición.

Otro posible obstáculo que ha de tenerse en cuenta es el aumento de la demanda de los materiales necesarios para ampliar las redes y aumentar la electrificación en general. Los precios de los «metales verdes», como el cobre y el cobalto, ya son elevados, y los nuevos proyectos no harán más que aumentarlos. Dada la concentración de productores, debemos ser conscientes del riesgo de dependencia de los proveedores.

Por último, cabe señalar que las opciones de energía limpia deberían ser más rápidas de aplicar y contribuir más rápidamente al suministro de energía que el desarrollo de nuevos proyectos de petróleo y gas convencionales o no convencionales, que pueden tardar décadas en entrar en funcionamiento.

De hecho, según señala el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero, lo que se necesita es una diversificación mucho más fundamental de las fuentes de energía. Las energías renovables serán la clave.

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