Desde finales de febrero, hemos reforzado nuestro enfoque de prudencia en la asignación en multiactivos. El nivel de riesgo en renta variable es ahora un 75% menor que en enero, y también hemos reducido las posiciones cortas en renta fija estadounidense y europea. Este posicionamiento refleja nuestro escepticismo en relación con la previsión de un «aterrizaje suave» de la economía.
Una encuesta realizada entre los miembros de nuestro equipo de multiactivos revela una probabilidad del 60% de que se produzca una recesión en los próximos doce meses, en un entorno de endurecimiento de la política monetaria por parte de los bancos centrales y de aumento de los rendimientos de los bonos. Las expectativas de aumento de los beneficios empresariales parecen poco probables ante el previsiblemente complicado entorno macroeconómico.
La renta fija no indica una recesión, la renta variable sí (quizás de forma equivocada)
Según algunas previsiones, los títulos del Tesoro estadounidense a diez años se preparan para su peor primer semestre desde 1788. A pesar de la inversión del 32% de la curva de tipos estadounidense, la renta fija no apunta necesariamente a una recesión. Para ello, necesitaríamos una inversión del 60% de la curva.
Al mismo tiempo, los mercados prevén que la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco Central Europeo no serán capaces de mantener su postura de endurecimiento de la política monetaria. En su lugar, anticipan un fuerte cambio de tendencia en el ciclo de subida de tipos a partir del próximo año.
Por otro lado, los precios del mercado de renta variable reflejan con claridad la inquietud de los inversores: si nos fijamos en lo que están descontando los mercados de renta variable[1], parece que la preocupación por una posible recesión es mucho más acusada en estos mercados que en los de renta fija.
Sin embargo, debemos recordar dos cosas. En primer lugar, que las caídas del 40% no constituyen un fenómeno infrecuente, y los niveles actuales nos sitúan «solo» a mitad de camino. Y, en segundo lugar, que los mercados de renta variable han descontado nueve de las cinco últimas recesiones; es decir, los mercados han registrado fuertes caídas sin que, finalmente, se haya materializado ninguna recesión.
Es posible que se produzca un repunte, pero no de forma duradera
Tras la reciente debilidad de los mercados, podrían registrarse ligeros repuntes a corto plazo, pero, a falta de revisar a la baja las expectativas de beneficios empresariales[2], nos mostramos cautelosos con respecto a la renta variable. Si no fuera por la aportación positiva del crecimiento esperado de las ganancias por acción (superior al 7% para el índice ACWI), la rentabilidad de la renta variable habría sido aún más baja que el -22% registrado desde principios de año.
Por el momento, mantenemos el posicionamiento corto en Europa, que se enfrenta al riesgo geopolítico, los problemas relacionados con la inflación y las cadenas de suministro, las presiones políticas y las dificultades relativas al crecimiento y las ganancias empresariales. Mantenemos un enfoque de prudencia en renta variable europea desde el día anterior al inicio de la guerra de Ucrania, y hemos reducido aún más nuestra exposición a lo largo de abril y mayo[3].
Favorecemos la inversión en compañías tecnológicas chinas (a través de nuestra exposición al índice MSCI China) y la renta variable japonesa (principalmente a través de nuestra exposición al índice TOPIX).
Clases de activo a 22 junio
[1] Según su comportamiento en los últimos once ciclos
[2] La desconexión entre los indicadores macroeconómicos (como el índice ISM) y las ganancias por acción es notable
[3] En meses anteriores, cerramos nuestras posiciones largas en compañías estadounidenses de pequeña y gran capitalización
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